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REESTRUCTURACIóN

Sobre las cuentas del turismo

El país vive momentos de ansiedad ante el decrecimiento de la mayoría de los índices de la economía, en algunos casos con visos de caída libre. Analicemos uno de los más notables y perniciosos: la caída del turismo hacia Panamá.

El turismo es un producto de exportación. Como si vendiéramos camarones o frutas, el extranjero nos paga con divisas frescas que circulan en la economía y alcanzan a toda la población. Si vienen más turistas, hay más circulante para pagar la educación del júnior, añadir una salita a la casa o aprender idiomas. El Estado devenga más impuestos que se aplican al bienestar general. 

Según las estadísticas, la llegada de “visitantes” a Panamá creció un saludable 7.1% anual entre 2008 y 2015. Las cifras del Instituto de Estadística y Censo (INEC), el Servicio Nacional de Migración (SNM) y la Autoridad de Turismo (ATP) incluyen turistas (pernoctan al menos una noche), excursionistas (entran y salen el mismo día) y cruceristas.

Panamá tuvo su pico de visitantes en 2015, un año después de la fatídica suspensión de la promoción internacional: 2 millones 552 mil 636 extranjeros nos honraron con su visita; 1 millón 941 mil 106 entraron por Tocumen.

A partir de 2017, las autoridades adoptaron un nuevo estándar en la contabilización de cruceristas: ya no se contarían solo aquellos pasajeros que desembarcaban para visitarnos, sino todo el barco, incluyendo cocineros, maquinistas e incluso aquel que optase por quedarse a bordo. El cambio resultó en un ilusorio “incremento” del 75% en el número de cruceristas reportados con respecto a 2016. En adición, aquellos pasajeros que abordan su crucero en Panamá son contabilizados dos veces: al entrar por Tocumen y al regresar a Panamá por vía marítima.  Estos cambios de criterio resultaron en un supuesto crecimiento de visitantes de 5.8% en 2017, a todas luces incompatible con la realidad.  

Descartando la ficción crucerista, el decrecimiento anual entre 2015 y 2018 es de -3.7%. Solo en Tocumen, el decrecimiento entre 2015 y 2017 fue un apabullante -9.8%.

El INEC  lleva a cabo encuestas periódicas en Tocumen y Paso Canoas. Estas revelan en 2016 y 2017 un gasto promedio $221/día/visitante, que aumentó a $246 en 2018. Además, sugieren que la estadía promedio es de ocho días. Contrasta esta información con la de hoteles y encuestas de la propia ATP, que confirman una estadía de entre tres y cuatro días. La causa más probable de la discrepancia es que los formularios de entrada no diferencian entre visitantes e inmigrantes, que reportan una estadía más larga. Nuevamente, se desvirtúa la estadística.

Si el ritmo de crecimiento de la llegada de visitantes se hubiese estabilizado en un razonable 5% a partir de 2015, el país habría alcanzado en 2018 un total de 2.95 millones de visitantes. En vez de eso, este año los visitantes reales caerán a 2.2 millones, incluyendo inmigrantes, que no participan del circuito turístico. En 2017, por ejemplo, Venezuela fue nuestro supuesto segundo “mercado de origen” más grande, con  218 mil 920 arribando por Tocumen.   

Y ahora el resultado que aturde: entre 2015 y 2018, el país habrá dejado de recibir a 1 millón 428 mil 870 visitantes, o un ingreso perdido por valor de mil 164 millones 448 mil 116 dólares. Más de mil 100 millones de dólares en solo tres años.

Con mil 100 millones de dólares se pueden construir y equipar 232 colegios de primer nivel; alimentar a mil familias panameñas por 106 años, y pagar el Metro de los 280 mil usuarios por 31 años. Esos mil 100 millones de dólares evaporados ya no circulan en los pequeños comercios, restaurantes, transportistas o el peluquero de la esquina. Ningún sector es ajeno al bajón. El desempleo levanta su fea cabeza.

Corresponde a todos los panameños, y especialmente al Gobierno, la reestructuración completa de la estrategia de turismo. No cabe más abanicar aquello de “turismo de negocios”. Hay que darle al extranjero una razón para vacacionar en Panamá.

El plan de acción debe incluir la reconstrucción de nuestros atractivos para el turismo de recreación y aventura y la promoción sostenida e inteligente en los mercados con monedas sólidas.   Además, la ATP debe ser reestructurada  para alinearla con el rescate y puesta en valor de nuestros atractivos naturales, históricos y culturales.

Así como se fue, puede regresar. No hay forma más expedita de restaurar el paso económico y diseminar la prosperidad que recuperar el turismo. El país no puede esperar.

El autor es secretario de Apatel


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