ENSEñANZA

De cuentos y serpientes

“Un caballero vio una serpiente venenosa justo en el momento en que se introducía en la boca de un hombre dormido. ¿Qué hacer? Si dejaba dormir al hombre tarde o temprano la serpiente le mordería, lo mataría.

Entonces azotó al hombre con todas sus fuerzas. Lo despertó violentamente con un golpe de látigo y lo llevó hasta un lugar donde había un montón de manzanas podridas. Amenazándolo con su espada, obligó al hombre, que gritaba de rabia, a comer unas cuantas manzanas. Y después, sin prestar la más mínima atención a sus gritos, le hizo beber una buena cantidad de agua salobre.

-Pero, ¿qué te he hecho, enemigo de la humanidad, para que me trates de esta forma?

Tras varias horas de sufrimiento, insultos y lágrimas, el hombre cayó al suelo. Vomitó las manzanas, el agua y la serpiente”.

El cuento, de origen sufí, está en el libro El círculo de los mentirosos, de Jean-Claude Carriere. No termina así, pero a mí me gusta contarlo hasta aquí. Lo tengo en mi montaje de cuentos de tradiciones del próximo Oriente.

A menudo nos preguntan a los que contamos historias que para qué sirve contar cuentos. Hay miles de respuestas, pero una de las más acertadas la tiene Nicolás Buenaventura: contamos para aplazar la muerte. Otra que me gusta es de un narrador argentino que se llama José Luis Gallego. Él dice que contamos para reparar heridas. Estas dos nociones son matices del pensamiento. Hay que pensar, contar sirve para eso, para pensar.

No me gusta comparar el arte de contar cuentos con otras artes. Mucho menos friccionar la narración oral con otros instrumentos de comunicación. Pienso que todas las cosas que se pueden nombrar en este mundo tienen una historia. Estamos hechos de historias.

Los cuentos, más que formarme, me han deformado. He aprendido con ellos a tomar decisiones que a veces me traen un nuevo problema, pero aun así me siento feliz porque hice lo correcto. Los cuentos me han aterrorizado y sorprendido muchas veces. Me han enseñado cuando alguien, que no es un amigo, me hace vomitar mis propias serpientes.

El autor es escritor

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