La construcción del Canal de Panamá desde su primer intento en firme liderado por los franceses y posteriormente por los norteamericanos, dio paso a una oleada de ciudadanos foráneos que llegaron a nuestro territorio para trabajar en la construcción de esta portentosa obra. Siendo los trabajadores más europeos, durante las obras francesas, y originarios de las Antillas, durante las obras estadounidenses, sus descendientes forman parte de nuestra nación. Es así como surge una de las manifestaciones de mayor impacto sobre la cultura multirracial de Panamá
Poco a poco y con el pasar de los años y décadas, nuevos megaproyectos” han surgido, muchos de los cuales han obligado nuevamente a la importación de mano de obra extranjera, impulsada ya no por la necesidad de una mano de obra barata, sino más bien, una mano de obra calificada. Sin embargo, este no es el único factor que está impulsando esta nueva mutación cultural. Las migraciones que ha recibido Panamá en tiempos recientes también han sido producto de los conflictos armados y políticos de los países vecinos de Centroamérica, Colombia y Venezuela.
Con esta información en mente, quizás más que preparados para una cultura multirracial, nos hemos ido acostumbrando a compartir como ciudadanos del mundo en esta pequeña tierra istmeña y a convivir con personas de otras latitudes, a entender sus diferentes patrones culturales, apreciando en muchos casos sus semejanzas con las nuestras en temas tan diversos como la gastronómica, la música y el arte.
Panamá, puente del mundo y corazón del universo, lema emblemático que distingue a nuestra tierra por su constante inclusión de nuevas culturas, que le dan en mi concepto un toque especial a nuestra conformación de nación libre e independiente, en la que aceptamos a nuestros hermanos, vengan de donde vengan, respetando sus opiniones sus valores y creencias que han formado nuestra nacionalidad y que históricamente nos ha mantenido como una nación multirracial.
El autor es estudiante de maestría en la UIP