Hagamos pedagogía, que consiste en diagnóstico, pronóstico y solución. Danilo Pérez atribuye la reducción del Festival de Jazz de Panamá a la falta de apoyo de la Autoridad de Turismo y de la Alcaldía de Panamá, a la vez que agradece a MiCultura su respaldo, garantizado por ley, a un proyecto que se acerca con éxito a los veinticinco años de existencia.
El diagnóstico: la mayoría de los panameños cree que la cultura es un privilegio, no un derecho. De allí que opinen que un festival como este, que tiene un impacto real en la vida de miles de jóvenes, debe ser costeado por la fundación que lo convoca o por la empresa privada. Para muchos —y eso le conviene al sistema— la cultura sobra.
El pronóstico: poco a poco irá languideciendo. La asignación por ley de MiCultura no será suficiente; los días se irán acortando y el impacto irá menguando. Y eso que muchos músicos panameños estuvieron en el origen mismo del jazz y que varios de nuestros compatriotas han sido dignos exponentes del género. Pero eso no basta para un amplio sector de la sociedad.
La solución pasa por ser más pedagógicos. El Festival es, en sí mismo, una muestra de la importancia del jazz, pero los entusiastas de la ignorancia han logrado instalar en la conciencia social la idea de que la cultura es una yeyesada, no una vaina del pueblo. La responsabilidad es compartida entre MiCultura, Meduca y la voluntad política del Ejecutivo y del Legislativo: “Entre todos la matamos y ella sola se murió”.
Espero que el pronóstico sea fallido y que seamos capaces de enseñar que la cultura es asunto de todos. En ella nos jugamos la memoria reflexiva que necesitaremos para los tiempos complejos que se nos vienen encima. Por el “apellido” del Festival nos estamos haciendo todas estas preguntas, pero no lo duden: muchas iniciativas culturales se han perdido —y se pierden— por ser anónimas, y eso también destruye el tejido cultural del país.
El autor es escritor.

