SOBERANÍA

Los daños colaterales de la Lista Clinton

Con más penas que gloria ha concluido el periplo virtual de unos panameños (personas naturales y jurídicas) en la tierra del Tío Sam; pero como siempre, el “chico de la película” sale vencedor gracias a su astucia, su control remoto desde su escritorio e “impoluta” conducta; por lo que sin un proceso formal, técnico y/o legal, sin pruebas conocidas, sin causa evidente, dijo tener compilados graves hechos ilícitos, por lo que sentenció al “chico malo” (los panameños) al ostracismo y lo condenó a vender, renunciar y ceder sus derechos al mejor postor, competidor u oportunista.

Lo que no es virtual son los daños colaterales. Son reales, y en el mundo de los vivos y panteones están de testigos. En particular los panameños extorsionados, coaccionados y chantajeados por el “chico de la película” virtual; los que perdieron sus fuentes de trabajo, su estabilidad laboral y su reputación lesionada dan fe de ello, así como todos los panameños, porque la dignidad del Estado panameño ha salido mancillada, porque el gobierno de turno no estuvo a la altura política ni intelectual y no tuvo la gallardía ante ese momento histórico.

Le faltó coraje para cumplir a cabalidad con el mandato constitucional: “Las autoridades de la República están instituidas para proteger en su vida, honra y bienes a los nacionales donde quiera se encuentren…” (Art. 17). La norma es clara y objetiva. No exige previamente que el panameño haya sido juzgado, inocente o no, rico o pobre, obrero o empresario, mujer u hombre, católico o no, o que tienen que estar en Panamá o fuera de ella. No hay excusa.

Esa conducta (nada impoluta) del “chico de la película”, de ser fiscal y juez virtual a escondidas porque no se simpatiza con su causa, porque no se le aceptan imposiciones, porque no se vota a favor de algo, porque se mantienen relaciones con un competidor, rival o enemigo suyo, porque no se entrega información de los contribuyentes; es el mismo guion en diferentes escenarios. Esta película es la versión latina de aquella otra película en donde al “chico de la película” solo le bastó decir que en Irak había armas de destrucción masiva, la invadió, mató y saqueó, pero nunca (hasta la fecha) probó la existencia de una causa o tales armas.

Colegimos tres lecciones:

1. Que un Estado y su Gobierno que se respete a sí mismo tiene que estudiar, analizar, tener y proyectar alternativas prudentes y racionales para cuando tenga que defender sus decisiones soberanas y a sus ciudadanos de acuerdo a la Constitución Nacional.

2. El abuso del poder como patente de corso para con auditorías e investigaciones fiscales chantajear y extorsionar a los contribuyentes y apropiarse de acciones, negocios, propiedades y/o acabar con la competencia.

3. ¿Qué tanto valor jurídico tiene una venta, una cesión o enajenación de derechos realizada bajo esos hechos notorios de vicios de nulidad, de presiones, coacciones, extorsión y chantajes?

¿Se atreverá nuestro Órgano Judicial u otro tribunal a declarar nulos tales daños colaterales? Es posible que en ese orden conceptual queden alternativas por explotar.

El autor es abogado


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