La constante migración que cruza por los caminos y trillos de la selva del Darién partiendo desde la hermana república de Colombia es la utópica representación de sueños y anhelos de un mejor futuro que muchas veces escapan de la realidad. Una realidad convertida en el idealismo de un futuro incierto posiblemente disfrazado de ilusiones, de publicidad y del convencimiento de aquellos, que, quizás lucran con la dirección y asesoría para guiar el camino de los que buscan precipitadamente un mejor porvenir. Los diversos problemas que viven las personas que emigran por esta vía, más la falta de investigación, las lagunas de información, los inciertos márgenes de error, el desconocimiento de los peligros de muerte y la poca claridad de lo que conlleva la travesía de la “óptima” ruta del Darién, ha dado como resultado la pérdida de decenas de vidas, traumas y augurios que hoy circulan por diversos medios de comunicación nacionales e internacionales.
Actualmente, las historias de trágicas pérdidas humanas que acompañan la travesía del Darién son parte del día a día, días que en ocasiones se impregnan del olor a muerte. Las experiencias hoy leyendas de la selva son desgarradoras: una familia que pierde su hijo pequeño en un altercado acompañado por armas de fuego en un acto de defensa entre los coyotes y los grupos delincuentes, perdiendo la vida un infante, y la angustia de la familia por recuperar el cuerpo. Un alma solitaria que al perder todo en el recorrer de la jungla, decide terminar con su agonía al mirar un futuro incierto, tomando una cuerda y colgándose de un viejo árbol a la orilla del camino que conduce hacia el puerto de Lajas Blancas.
Una madre que lleva atado a su pecho su criatura de pocos meses al cruzar una difícil sección del recorrido, durante ese arriesgado momento el bebé cae al desatarse del pecho de su progenitora, perdiendo la vida al caer en picada a metros de distancia. La atónita madre al ver como su propia criatura ha perdido la vida, ahogada en el dolor decide terminar con su propia vida colgándose de un árbol tras la vista descuidada del grupo al cual se había unido tan solo algunos días antes con el ideal de un nuevo futuro, el sueño de una mejor vida.
Los grupos que log ran cruzar la densa y ahora contaminada selva del Darién por los desechos arrojados, se encuentran con un escenario rural y hostil, donde tienen que pagar su propio transporte para continuar su camino. De acuerdo con datos, más de 500 mil personas han tránsito de frontera a frontera en autobuses, si las condiciones eran las mismas que ahora, donde cada persona paga 40 dólares por su movilidad, estamos hablando de 20 millones de dólares, ganancias de privilegiados sectores. Sin embargo, los que no tienen la posibilidad de pagar, deben caminar, caminar para avanzar, y en el camino piden dinero, solicitan ropa y ruegan por comida, o por un simple trozo de pan. Madres ruegan por trozos de panes, dulces o galletas para sus hijos, los niños piden dinero en las puertas de tiendas y supermercados. Otros piden ropa, zapatos o algunas viejas chanclas que no se utilicen para cambiarse luego de días tras la misma vestimenta. Caras desalineadas, miradas tristes, almas desgarradas, recuerdos perturbadores y el eco de decenas de almas que han quedado atrapadas en la verde densidad de un sueño. Ahogados, violaciones, robos, estafas, asesinatos, desapariciones, accidentes de tráfico y homicidios, es la otra cara de la moneda, el riesgo que se tiene al adentrarse a la ruta del Darién.
Sin duda alguna es uno de los éxodos mixtos más desafiantes de los últimos años, donde ecuatorianos, venezolanos, colombianos, haitianos, chinos, africanos, entre otras nacionalidades arriesgan sus vidas. Los efectos secundarios no solo caen en los migrantes, también sobre el medio ambiente que tiene que cargar con todos los desperdicios y contaminaciones locales que se dan, sin que se apliquen medidas o vías de biorremediación. Adicionalmente, el robo de caballos a los campesinos de la región para transportar personas es otro evento que afecta directamente a los lugareños. Pero en este caso, las autoridades poco hacen. La huella ecológica, la contaminación de los suelos por la basura de la desenfrenada migración a través de la frontera colombiana-panameña crece cada día más, el juega vivo de los que lucran con este tránsito no cesa, y las desgarradoras vivencias aumentan.
El autor es geógrafo, hidrólogo, hidrogeólogo y doctorando en cambio climático
