La provincia de Darién, ubicada entre las coordenadas 8˚ 34′30″ de latitud norte y 77˚ 54′54″ de longitud oeste, ocupa una superficie de 11 mil 896 km. (un área similar a la de la isla de Jamaica), una población 57 mil 818 habitantes, según el Instituto de Estadística y Censo en su estimación para el año 2020, y una variada etnia, resultado de un profundo mestizaje.
Aunque la provincia del Darién es considerada como parte de los pulmones de Centroamérica, posee extensas zonas de selva tropical, parques nacionales, vasta variedad de fauna y flora, caudalosos y anchos ríos, y una historia envuelta en resistencia y sobrevivencias, la población darienita y foráneos que se sienten parte de esta tierra viven en condiciones de vida que no coinciden con las bonanzas que presume un Estado de utópicas neblinas, que se esfuman en el reflejo de un istmo sumergido en los laberintos del subdesarrollo.
Mientras que específicas regiones y grupos disfrutan de un servicio eléctrico casi “eficiente”, de una mayor calidad del agua potable, veredas, áreas peatonales, de un servicio médico con más que paracetamol, para los casi 60 mil habitantes de Darién y los casi 50 mil inmigrantes que han transitado el denso tapón del Darién hasta el momento, las realidades de vida son otras.
Entre las peculiaridades que se viven en Darién, sobresale un inestable servicio eléctrico. Este, además de fallar prácticamente todos los días, no lo hace una vez, sino dos y hasta tres, y cuando no es todo el día, es toda la noche. Acompañando la desconfianza de este servicio y las irregularidades de la luz eléctrica; la presencia del Ministerio de Salud (Minsa) en la toma de muestras, análisis químicos y fiscalización de los acueductos rurales es nula. ¿La razón? Eso es responsabilidad de las Juntas Administradoras de Acueductos Rurales (JAAR), donde en la mayoría de los casos no existe un acueducto que le haga justicia a la definición de la palabra, sino unas tinas, tuberías y tanques de reserva, que con la mensualidad que fijamente pagan los habitantes de cada pueblo mantienen su propio servicio. Lógicamente, esto solo logra cubrir lo esencial, el básico tratamiento del agua cruda con el fin de remover o reducir sus contaminantes y lograr que sus características organolépticas, físicas, químicas y microbiológicas. Con el resto de los ingresos se logra pagar el plomero del pueblo y una que otra urgente reparación en vista de las intensas lluvias, crecida de los ríos y deslizamientos.
Y cuando el pueblo se enferma, ¿a dónde recurre? A lo ancho de la provincia y comarcas que alberga en su interior se localizan centros de salud con su personal de planta que, contra viento, marea y con sus propias uñas, trabajan y tratan de solucionar las emergencias que nacen de un momento a otro, utilizando los escasos recursos, herramientas y medicamentos que poseen. No obstante, estos centros de salud, por ejemplo, el de Metetí, el cual atiende un gran número de personas que llegan de todas partes, hasta de los lugares más apartados de la provincia de Darién, carece de insumos, mientras que, en la comunidad de El Nicanor, aún existe en pie una infraestructura que se inició en el pasado gobierno 2010-2014 y que nunca se terminó, el dinero se esfumó, y el servicio médico del cual se presumió, nunca llegó.
Regresando al centro de salud de Metetí, donde se atienden centenares de personas, en ocasiones no tienen ni un simple normogotero para la hidratación de una persona de la tercera edad. Pero, por suerte, en la farmacia de enfrente, ¡sí hay! Las condiciones de salubridad perforan lo más bajo de la humillación humana, al estar las morgues en paupérrimas condiciones, donde tienen que depositar hasta dos o tres cuerpos en una sola gaveta, donde el sistema de enfriamiento no funciona y donde las condiciones de preservación son inexistentes. Mientras selectos grupos se disputan qué salario deben tener; el dinero sube, baja y se despilfarra; en las morgues, los familiares de los difuntos deben vestir los cuerpos en el suelo, ya que ni una mesa digna existe. Es imperdonable la desidia y la humillación que seguramente se extiende mas allá del Darién.
Al menos en caso de emergencia, los centros de salud cuentan con ambulancias. Ambulancias que deben transitar por una carretera Panamericana que, desde Agua Fría, donde inicia la provincia del Darién, hasta Yaviza, se encuentra en buenas condiciones. Sin embargo, esta vía carece de hombros eficientes en caso de reparaciones vehiculares y de aceras decentes para el tránsito de los peatones. Algo que sorprende de las autoridades es que, por las condiciones de vida y de desarrollo de Darién, aún no han comprendido que gran parte de la población darienita es campesina, cuyos medios de transporte laboral o del día a día es el caballo, la bicicleta o simplemente el caminar. Sin embargo, no existen las infraestructuras públicas para esta parte de la población. Este vacío se evidencia en los constantes accidentes, pérdidas humanas y de animales que ocurren sobre esta vía altamente transitada. Recientemente, Panamá ha sido testigo que, cuando se exigen respuestas y mejores condiciones de vida, esto se puede lograr. No se puede normalizar las condiciones de vida, servicios sociales y simplemente decir “así es Panamá”.
Panamá tiene los recursos y los medios para que la equidad llegue a todos.
El autor es geógrafo, hidrólogo, hidrogeólogo y estudiante de doctorado

