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De concursos, bibliotecas y prácticas de lectura

El desafortunado comunicado de las autoridades del Municipio de Panamá de posponer los premios literarios no solo viola las bases de los concursos y los derechos culturales de los ciudadanos (escritores y lectores), sino que también deja un vacío en la historia de dos torneos que son fundamentales para la gestión cultural de la alcaldía y la cultura general en Panamá. En particular, el Concurso de Literatura León A. Soto, que desde 1963 ha sido un pilar en la historia de la literatura.

La autoridad municipal en turno automáticamente pasa a la historia como la gestión que atenta contra la cultura y ofende la memoria de Carlos Francisco Changmarín y León A. Soto. El 2024 queda, de esta forma, en la historia cultural del país, enmarcado en un vacío indigno. De nada sirve conmoverse con la cultura ajena si, como autoridad, no te preocupas por fortalecer la cultura en tu propio país y buscar posibles soluciones.

Queremos recomendar al señor alcalde que preste atención a las palabras del Consejo Nacional de Escritores y de la Fundación Carlos Francisco Changmarín, entre otras voces de escritores que han manifestado su preocupación. Por nuestra parte, queremos contribuir con algunas reflexiones en dirección de una gestión cultural municipal desde la lectura como práctica sociocultural. La lectura es la institución más democrática y permanente que existe.

Es fundamental que el municipio fortalezca su Plan Municipal de Lectura: Mupa lee, Mupa escribe. De hecho, los concursos literarios, las ferias de libros, los puntos de cultura (léase lectura), las presentaciones de libros y las bibliotecas municipales son parte de ese plan. El fortalecimiento de una sociedad lectora es la base de los derechos culturales de la ciudadanía, y las alcaldías también tienen responsabilidad sobre este tema, asumiéndolo desde los planes de lectura municipales.

¿Por qué la alcaldía necesita un plan municipal de lectura? Porque la lectura, como práctica sociocultural, es la posibilidad que permite visibilizar una ciudad más inclusiva y enfrentar la exclusión social que persiste en las prácticas de lectura. Es necesario pensar en prácticas de lectura, escritura y oralidad que permitan establecer una relación cultural con el desarrollo social entendido como inclusión social, en las colectividades y en la participación ciudadana, así como en los espacios donde se toman decisiones democráticas. Los planes de lectura locales dotan a los municipios de un conjunto de estrategias para el desarrollo integral de la comunidad.

El Municipio de Panamá tiene en sus manos un conjunto de 24 bibliotecas municipales activas (en realidad son más, pero otras están inactivas), que son equipamientos culturales importantes como espacios vivos. Pero, para que sean verdaderos organismos acogedores que faciliten el derecho a la información, la innovación, el aprendizaje, la creación y el conocimiento, incluso el ocio que también es un derecho, se requiere de muchos recursos.

El señor alcalde sabe de lo que estamos hablando porque hace poco conoció la nueva Biblioteca Nacional de El Salvador. Se veía asombrado porque, para cualquier persona que está acostumbrada a vivir en un país de malls y edificios lujosos, resulta increíble que existan estructuras arquitectónicas diseñadas para que la gente lea libros.

No obstante, también debería ir a Colombia y comprender cómo funciona el sistema de red de bibliotecas públicas de Bogotá; conocer la Biblioteca Virgilio Barco, por ejemplo, o, si quiere ser un muñeco que pasea con propósito, viajar a España y ver la biblioteca Gabriel García Márquez de Barcelona. Ni siquiera debe ir tan lejos; basta con visitar la biblioteca pública de Boquete. Tal vez así entienda que no se trata solo de lujos, sino del profundo valor social de las bibliotecas y los múltiples sentidos que tienen para la comunidad.

Desde la red de bibliotecas municipales se pueden articular procesos como fortalecer las nociones de solidaridad, cooperación, resiliencia, empatía, trabajo en equipo y la imaginación radical, que tanta falta nos hace. Se puede adentrar en los imaginarios sociales y trabajar la inclusión, el sentido de pertenencia y dar visibilidad a poblaciones estigmatizadas en la ciudad; fortalecer la cohesión social, construir un ámbito de interacción cultural entre diversos lenguajes (lectura, escritura, oralidad). En fin, promover la participación ciudadana en todas sus esferas.

El plan municipal de lectura debería comprender ferias del libro comunitarias, bibliotecas móviles, estaciones de lectura en el metro, en las paradas de buses, buzones de libros en los parques, es decir, alfabetizar la ciudad para que los ciudadanos tengan derecho a la lectura en un país donde el analfabetismo funcional nos está ganando porque preferimos invertir en todo, menos en lo que hace pensar.

Postergar los concursos literarios y otros programas que promueven las prácticas sociales de lectura no llevará a ningún resultado positivo. Tampoco servirá de nada hacer videos para TikTok sobre bibliotecas asombrosas de otros países, ya que solo demuestran la incapacidad de los políticos panameños en un país que presume ser desarrollado, pero que tiene bibliotecas de tercer mundo.

El autor es escritor.


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