En los últimos días hemos estado viendo en diferentes medios tradicionales y digitales, una variedad de encuestas, sondeos y similares, que en varios casos lo que pretenden es confundir a un electorado que, por regla general, prefiere las cosas digeridas y que no le gustar invertir su tiempo en leer escritos largos o encuestas y sondeos que para entenderlas se debe estudiar detenidamente dónde y cómo se hicieron.
En lo personal he visto 3 de éstas en las semanas anteriores, que variaban considerablemente pues el universo encuestado era igualmente diferente entre ellas.
Por un lado, vi una en Twiter realizada por un reconocido periodista del patio, en la que evidentemente participan los que lo siguen o en el mejor de los casos, los que siguen a quienes lo siguen a él. El universo esta limitado a quienes utilizan las redes y en especial a esa red, que los estudios nos dicen que es utilizada por personas mayores, estudiadas (aunque su ortografía deja mucho que decir), periodistas y políticos.
Otra de las que apareció publicada fue una de las dos que se hacen desde el extranjero. Asumo que para evadir la legislación panameña que exige que quienes las hagan deben estar registrados en el Tribunal Electoral. La primera, había que leer la letra chiquita para darnos cuenta que o había un error en la descripción de la misma o si es cierto como dice que, se limitó solo a la ciudad capital; igualmente, le puso mas énfasis a los jóvenes de entre 18 y 35 años de edad, que infortunadamente, desde la elección del presidente Martín Torrijos en 2004, no han salido a votar de forma contundente. Por consecuencia su resultado refleja sólo un 35% ó 40% de la población nacional. Lo interesante de esta es que a quien resulta ser el preferido de los votantes, es también el que mayor rechazo presenta. Interesante, por decir lo menos.
La segunda, coincide con la anterior, en algunas cosas, como por ejemplo que el posible candidato oficialista, no pasa del 3% de favoritismo. Sin embargo, difiere considerablemente en las preocupaciones del panameño común. Coincide en el favorito y, aunque no se preguntan por quien no votarían, los siguientes candidatos parecieran estar casi que igualmente ordenados.
Hay una que sale con más frecuencia, pero sinceramente, viniendo de un medio tan parcializado y cuestionado, ni siquiera la voy a tomar en consideración.
Estoy consciente que las encuestas y sondeos no son mas que el posible sentir de un segmento de la población que se atreve a responder a las interrogantes que le son presentadas, porque me he topado con muchas personas, principalmente de la esfera adepta a los partidos en gobierno, que le dicen a uno que a quienes les preguntan ellos responden de una manera, pero que cuando les toque emitir el voto en las primarias, votarán de una manera diferente. Esto se da, principalmente porque el actual gobierno nombró gente a tutiplén, inclusive durante la pandemia que ahora sale a relucir como un gran logro. Estas personas te dicen que votar como les ha sido sugerido sería un suicidio político. Pareciera que los únicos que no se han percatado de eso, son los tradicionales “manzanillos” que rodean al candidato preferido. En este panorama que nos presentan las encuestas, todavía es muy difícil predecir alianzas o un ganador.
Entre junio y julio se realizarán las elecciones primarias de los partidos y para pesar de muchos, aún después de éstas no se tendrá una visión más clara, pues quienes ganarán tendrán que empezar a trabajar en la segunda etapa y se supone que vendrá la noche de los cuchillos largos.
Las negociaciones para establecer las posibles alianzas se pondrán como para comprar pop corn y sodas y comérselos de a poquito. Y es aquí cuando los índices de negatividad empiezan a contar. Yo aprendí que ver solamente los porcentajes de favoritismos, es como descubrir el “oro de idiotas”. Hay que aprender entre líneas y darle su valor a la valiosa pregunta: ¿Por quién no votaría usted?
Por ahora el candidato favorito ha empezado a perder sus abrumadores (él solo se los creía) índices de favoritismo y se ha incrementado el índice de “no votaría por”. Hay 2 candidatos que, medio solapadamente, han iniciado a subir en las encuestas y desde mi perspectiva hay que “ponerle el ojo” a estos, pues podrían convertirse en quienes liderarían una gran alianza de oposición.
El autor es analista político y dirigente cívico
