Hace dos semanas, la selección española femenina ganó el Mundial de Fútbol en Australia y Nueva Zelanda. Con esa victoria, las españolas son en este momento campeonas sub-17, sub-20 y de la Selección absoluta. Un logro producto de un proyecto muy bien estructurado de preparación y esfuerzo en un deporte que por muchos años fue potestad exclusiva de los hombres, y que poco a poco se ha ido ampliando a equipos y torneos femeninos. Además, si le sumamos que el F.C. Barcelona ganó este año la Champions femenina y Alexia Putellas ha ganado dos años seguidos el balón de oro, el dominio de las españolas no es solo a nivel de selecciones, sino también de clubes.
Pero semejante logro deportivo se vio empañado por la deplorable conducta del presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, quien no se limitó solamente a agarrarse la entrepierna al final del partido para demostrar lo que él considera que le sobra al equipo (a pesar de ser femenino), sino que encima, a la hora de la premiación, decidió darle un beso en la boca a la jugadora Jenni Hermoso.
Todo pareció parte del entusiasmo del momento, pero para muchos de los que lo vieron en la televisión, no pasó desapercibido. Los medios españoles comenzaron a comentar el hecho, haciendo énfasis en que aquella supuesta manifestación de entusiasmo por parte de Rubiales representaba un abuso, tomando en cuenta que, por su cargo al frente de la Federación, tiene una posición de jerarquía y poder sobre las jugadoras.
Cuando los periodistas deportivos españoles le comentan a Rubiales que se cuestionaba su conducta, en su mejor estilo sietemachos dijo que eso era de “tontos del culo” y que no eran más que “gilipolleces”. Obviamente, no consideraba que había hecho nada malo y que se exageraba todo lo relacionado con el “piquito” a Jenni Hermoso.
En las horas siguientes, ante las críticas, en una escala en Qatar, Rubiales grabó una supuesta disculpa porque “aparentemente hice algo malo”, dejando claro su desprecio hacia los cuestionamientos. En ese momento, Hermoso se negó a participar en el video.
Pero, ¿quien es Rubiales? Nació en Canarias, pero su familia se trasladó a Granada, donde creció y comenzó a jugar fútbol. Tuvo una carrera corta y no muy relevante, aunque por su compromiso con el equipo le llamaban “Pundonor Rubiales”. Se destacó como líder gremial de los jugadores, dirigiendo una huelga contra la directiva porque no pagaban los salarios. Logró el pago, lo que lo convertió en presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles, dirigiendo protestas por reivindicaciones salariales.
Cuando en 2018 se destituyó a su protector, Angel María Villar, fue electo presidente de la RFEF. Desde su llegada, se caracterizó por generar conflictos, haciendo alarde de arrogancia y malas maneras que “rayan en la chulería”. Sus subalternas lo han denunciado por tratarlas con grosería y hacer insinuaciones y comentarios fuera de lugar. Una de ellas lo denunció porque le preguntaba con frecuencia el color de su ropa interior, la agredía verbalmente en público y en privado. Su dicho siempre fue “prefiero que me tengan miedo a que me tengan asco”.
En lo deportivo, Rubiales también tiene su historia. En Rusia, destituyó al entrenador de la selección dos días antes de comenzar el Mundial, porque había firmado con el Real Madrid para la temporada siguiente. Aquello, dejó al equipo sin director y se piensa que tuvo que ver con el mal rendimiento en el campeonato.
Más recientemente, fue acusado de nepotismo y se cuestionó el uso de fondos de la RFEF para pagar viajes y fiestas (calificados como bacanales). Como siempre, respondió con la arrogancia que ha seguido mostrando después del beso a Jenni Hermoso.
La respuesta fue, como era de esperarse, dar un paso adelante. En una impresentable comparecencia pública, le echó la culpa al feminismo y retó a todo el mundo dejando claro que no está dispuesto a renunciar y que se defenderá hasta en los tribunales contra quien sea. Su desprecio por las mujeres es tal, que llevó a sus propias hijas menores de edad para usarlas como “escudo” en esa deprimente intervención.
A pesar de esas actitudes, las jugadoras de la selección y buena parte de la población española han hecho un frente común contra lo que consideran una agresión sexual donde no medió el consentimiento por parte de la afectada. Hermoso y sus compañeras han dejado claro que el beso (o “piquito”, como le llama Rubiales) no fue consentido.
El caso es que Rubiales ha sido suspendido por la FIFA. La RFEF lo separó del cargo por el momento, mientras los tribunales de derecho deportivo toman la decisión de sancionarlo. Pero, como la corrupción en el fútbol no es algo nuevo, muy posiblemente será difícil destituirlo, porque jugará con todos los subterfugios posibles para permanecer pegado el cargo, aunque las jugadoras ya amenazaran con no volver a jugar si él sigue al frente de la federación.
A todo esto se suma el hecho de que en España hay una inestable situación política con una posible repetición electoral antes de fin de año. Ante ese panorama, los políticos están tratando de sacarle provecho al machismo de Rubiales contra las campeonas del mundo.
Lo peor de todo es que hay quienes consideran que se ha exagerado “el piquito”, actitud muy común en las sociedades latinas, donde el machismo está muy normalizado. Si a alguien le parece exagerado, piensen si la que recibe el beso fuera su hija o su esposa. Seguro cambia la percepción…
El autor es médico cardiólogo
