Los cetáceos -ballenas, delfines y marsopas- son un grupo de mamíferos que han desarrollado adaptaciones para vivir, en su mayoría, en los ambientes marinos de todo el mundo. Son animales que alimentan a sus crías con leche materna. Respiran aire de la superficie. Su cuerpo ha evolucionado para ser hidrodinámico, lo que les permite mayor movilidad en el agua.
Han sido fenomenalmente populares debido a obras, películas y series como Moby Dick, “Liberen a Willy”, y Flipper. Los teólogos asumen que, el gran pez que tragó a Jonás en la Biblia fue una ballena. No obstante, el conocimiento que tenemos en general sobre los recursos de nuestras aguas es reducido, principalmente porque el océano es un ambiente multidimensional en el que la mayoría de las personas tiene un acceso muy breve.
El estudio de los cetáceos en Panamá comienza en la década de 19 80, en particular, de los delfines manchados y nariz de botella. Las observaciones por parte de científicos, turistas, marineros y pescadores aumentaron el registro de estos animales, advirtiendo de la presencia de aproximadamente 20 especies como cachalotes, ballenas jorobadas y orcas. A medida que fue creciendo el turismo en las costas y mares de Panamá, también fue desarrollándose el avistamiento de cetáceos -”Whale Watching”-. Ocurre cuando las personas abordan una embarcación y se dirigen específicamente a ver delfines y ballenas, lo que crea importantes ganancias con base en el turismo. Esta actividad se realiza con mayor frecuencia en aguas de Pedasí, Coiba y Bocas del Toro. A pesar de tratarse de una actividad altamente solicitada, su regulación apenas comienza a tener éxito.
En 2017 se reglamentó el avistamiento de cetáceos en las aguas jurisdiccionales de la República de Panamá, con el propósito de garantizar la conservación y manejo adecuado de las especies. Ello nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo la ciencia puede aportar a la conservación de los cetáceos sin perjudicar los ingresos derivados de la observación de cetáceos?
El desarrollo de las investigaciones permite entender la conectividad en el océano y dar respuesta a cómo se distribuyen las especies y sus interacciones en el medio marino. Instituciones como Panacetacea, el Ministerio de Ambiente, la Universidad Marítima Internacional de Panamá, el Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian y la Universidad de Panamá han desarrollado estudios que recopilan importante información relacionada al tamaño y estructura de las poblaciones, su estado y las alteraciones antropogénicas que presentan. Estos datos permiten el establecimiento y la mejora de las normativas implementadas que, en conjunto con la inversión, la educación ambiental y las buenas técnicas de ecoturismo, logran aumentar el alcance sostenible del avistamiento de cetáceos, permitiendo la conservación de las especies sin coartar las ganancias económicas.
El desarrollo responsable del avistamiento de los cetáceos puede influir positivamente en el crecimiento del sitio. Una persona que antes dedicaba esfuerzos a la pesca, puede adaptarse a las demandas turísticas y prestar un nuevo servicio, disminuyendo la presión en sitios más vulnerables.
Conservar a los cetáceos y su hábitat no sólo es importante como consecuencia del beneficio económico que logran las comunidades costeras. Es relevante porque tiene un rol indispensable en los ecosistemas marinos, principalmente por ser depredadores topes que mantienen a raya a otras especies impidiendo las sobrepoblaciones y eliminando a las especies más vulnerables.
La investigación científica es crucial para el crecimiento del país. Ello cobra más relevancia cuándo nos empeñamos en cumplir como nación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) e incrementar nuestra competitividad en temas ambientales. Todo ello nos hace concluir que es fundamental fomentar las prácticas de formación de jóvenes dedicados a la investigación. Para ello es menester una mayor inversión en los centros dedicados a la investigación, en especial, en nuevas tecnologías y en la capacitación teórica-práctica de estudiantes, profesionales y, por supuesto, de las comunidades que habitan en las costas.
Debemos conocer y preservar el valor de nuestra fauna marina, la riqueza de nuestros mares y de nuestro ecosistema. Pasemos de evocar a Flipper y a “Salvemos a Willy”, valoremos nuestra patrimonio marino y conservemos las ricas y variadas especies de cetáceos de nuestros océanos.
La autora es egresada del LLAC 2022. Estudiante tesista en cetáceos odontocetos, UMIP
