Que la literatura mueve el PIB y da a conocer la marca país, no cabe duda. Se escribe desde lo conocido, transformando lo conocido, discutiendo lo conocido y hasta desconociendo lo conocido. Los escritores más universales, si se fijan, han dado a conocer sus países porque es desde ellos y su circunstancia desde donde escriben. Nada nuevo hasta aquí.
Desde hace un tiempo para acá, las letras panameñas van viajando, contra viento y marea y a pesar de las instituciones. Carlos Wynter estuvo de forma virtual en Cagliari, Italia, por invitación de Haydée Bermúdez hablando de nuestra literatura, lo mismo Edilberto González Trejos y Mónica Miguel en Mónaco; Juan David Morgan en Reino Unido o Porfirio Salazar, que irá a Chile; o Javier Alvarado que ha estado en México y en Madrid recogiendo premios, o Salvador Medina en Buenos Aires, y hemos estado representados en Madrid, Lisboa, Milán, Copenhague y Austria, entre otros escritores y destinos.
Es importante que entre las políticas del Ministerio de Cultura esté la de propiciar el viaje de escritores a los principales eventos literarios (ferias, congresos, encuentros, festivales). Lejos queda aquella interesante delegación de escritores que estuvo en República Dominicana, un muy buen trabajo de promoción de nuestras letras. Hace falta visión cultural, y poner la mano en el bolsillo (con criterio como ya hemos mencionado) para exportar la literatura que se está haciendo en Panamá.
Toca no rendirse, seguir escribiendo, y seguir llamando la atención sobre esta necesidad cultural. Las letras que no se mueven, que no viajan, corren el riesgo de ser invisibles, como nos lleva sucediendo desde hace mucho tiempo. Un sólido puñado de buenos escritores está haciendo un trabajo de allanamiento del camino que le facilita a las instituciones ponerse manos a la obra. El talento literario y la mayor parte de la diplomacia cultural está hecha: queda la voluntad institucional que esperamos que, cuanto antes, se ponga manos a la obra.
El autor es escritor
