“La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio de los pueblos”. Karl Marx.
¿Qué ha defendido la Iglesia católica en este período objeto de examen?
La encíclica Rerum Novarum de León XIII fue publicada en 1891. Desde aquella fecha hasta el 25 de mayo de 2026, cuando fue presentada la Magnifica Humanitas, han transcurrido 135 años, período caracterizado por las tres revoluciones industriales y por la enconada lucha de clases entre el proletariado explotado y la burguesía explotadora.
En mi opinión, tanto en la génesis de la denominada doctrina social de la Iglesia católica, que, según el estadounidense Robert Francis Prevost Martínez, hoy jefe del Estado del Vaticano, se inicia con el pronunciamiento de León XIII, como en la actualidad, la jerarquía católica ha estado de la mano con los ricos, con la clase dominante, con la burguesía.
Ello es así porque, a pesar de los malabarismos conceptuales, sobre todo en el pronunciamiento (encíclica) de León XIV, en esencia, la supuesta defensa del obrero por parte del primero y de la humanidad por parte del segundo empieza y termina del lado de aquellos a quienes les recriminan por el “estado de cosas”.
Aunque la encíclica Rerum Novarum se subtitula “Sobre la cuestión obrera”, no deja lugar a dudas sobre cuál es su esencia o, en realidad, qué es lo que en el fondo defiende. Y, por supuesto, no es al proletariado.
Dice León XIII al inicio de su encíclica: “Unos cuantos hombres opulentos y riquísimos han puesto sobre la multitud innumerable de proletarios un yugo que difiere poco del de los esclavos” (p. 5).
¡Tremendo! Pero unas cuantas fojas más adelante exterioriza las siguientes reflexiones: “Aquel dictamen de los socialistas, a saber, que toda la propiedad ha de ser común, debe absolutamente rechazarse, porque daña a los mismos que trata de socorrer; pugna con los derechos naturales de los individuos y perturba los deberes del Estado y la tranquilidad común”.
Pero, si aún no queda claro el propósito de León XIII con la Rerum Novarum, veamos la siguiente “perla”: “Quede, pues, asentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se debe guardar intacta la propiedad privada”. ¡Salta la liebre!
Dos cosas. Primero, lo que pretende abolir el planteamiento de los socialistas no es la propiedad en general, sino la propiedad privada sobre los medios de producción.
Segundo, la “propiedad privada” que señala León XIII como intocable no es precisamente la del obrero, que para entonces hacía tiempo había sido “expropiado” de todos los medios de producción y solo conservaba su fuerza física (fuerza de trabajo) para someterla a las leyes del mercado.
Era la propiedad privada de los que, en la página cinco, denominó “hombres opulentos y riquísimos”, quienes someten al yugo de la “esclavitud asalariada” al expropiado proletario.
Por su parte, León XIV, quien dice criticar a la technology class, en la ceremonia de presentación de su encíclica Magnifica Humanitas. La dignidad del trabajo en la transición digital, tuvo como uno de sus “invitados especiales”, nada menos que al multimillonario directivo de Anthropic, Christopher Olah, cofundador de la compañía tecnológica y director de investigación.
Ahora bien, las inconsistencias conceptuales de la encíclica de León XIV son, básicamente, señalar que la doctrina social de la Iglesia católica se fundamenta en principios como la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la justicia social, y que su punto de partida sea la Rerum Novarum de León XIII, cuya proclama constituye, según esta interpretación, una acentuada defensa de la propiedad privada de los explotadores y un ataque contundente al socialismo.
Y, por otra parte, resulta incongruente manifestar preocupación por el rumbo —en contra de la humanidad— que podría tomar el algoritmo deshumanizado de la inteligencia artificial (AI) y, al mismo tiempo, hacerse acompañar por uno de sus desarrolladores.
¡Así de sencilla es la cosa!
El autor es abogado y analista político.

