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De luces, apagones y lugares

Hay lugares privilegiados que pareciera fueron designados por el mismo índice oficial para que gocen de todos los beneficios estatales. Por ejemplo: calles anchas y bien trazadas, alcantarillados amplios, luz eléctrica con los mejores alumbrados —tanto públicos como domiciliarios—, servicios sanitarios excelentes, escuelas y colegios dignos, iglesias donde quien reza logra todo lo que clama al crucificado y, para cerrar esta breve lista, autoridades ejemplares que no roban, no se corrompen en el ejercicio de la política y administran los dineros del pueblo, que son por y para el pueblo. ¡Hurra!

Pero, como no todo lo que brilla es oro, en la provincia de Chiriquí existen áreas que parecen huérfanas del paternalismo estatal, si es que pudiésemos pensar que tal cosa aún ocurre. Son sitios distribuidos como escogidos por arte de magia —o, mejor dicho, por el arte demagógico— de quienes gobiernan.

Debo advertir que algunos de estos sectores tienen pocas casas, y quizá ese sea uno de los principales motivos por los cuales no existe alumbrado público; incluso, a veces ni los postes del cableado se observan al pasar.

Parte de Veladero de Tolé, parte de San Félix —en este caso, en el tramo que atraviesa el río Viguí—, todo esto a lo largo de la Interamericana en el sector oriental chiricano.

En la Interamericana del distrito de Boquerón, en Santa Marta, Gariché y algunos tramos largos hacia la ciudad de las arenas, Puerto Armuelles —y que están a un paso de la línea limítrofe entre Panamá y Costa Rica—, también se encuentran a oscuras durante las horas nocturnas.

En estos sectores, los accidentes de tránsito ocurren con frecuencia, pero pareciera que a ninguna autoridad le interesa solucionar de un plumazo esta triste realidad.

Si subimos hacia el recién creado distrito de Tierras Altas, la situación es relativamente parecida. En el sector de Las Tres Vueltas, en Bijao y muy cerca de Arte Cruz, la oscuridad es sinónimo de abandono. La compañía eléctrica o sus operadores parecen estar lejos de acabar con la nociva práctica de dejar estos poblados sin el vital servicio de luz y alumbrado público. También en estos últimos ha escaseado una respuesta estatal que enfrente y resuelva el problema. Los accidentes de tránsito seguirán ocurriendo, en parte, como consecuencia de un pobre y deficiente servicio de luz eléctrica.

Hay que reconocer, sin embargo, que los denominados apagones han disminuido con la gestión de la actual compañía que maneja los servicios eléctricos en este sector occidental de la República de Panamá.

Debe ocurrir, entonces, un reordenamiento territorial que garantice que los nacionales de este bello istmo llamado Panamá no seamos dejados huérfanos o abandonados. Porque en ese listado de sitios olvidados, la geopolítica parece usurpar el derecho de mirar hacia otros lugares donde, lamentablemente, las respuestas avanzan al paso de una tortuga.

El autor es periodista.


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