Los campos tapizados de piña forman parte del paisaje agrícola de nuestro Panamá. La piña (Ananas comosus (L.) Merr.) es una de las frutas tropicales que goza de mayor popularidad entre la población panameña, tanto así que las altas temperaturas de un cálido día transforman una chicha o unas rodajas frescas de piña recién cortadas en un alimento irresistible. En este sentido, la piña es una fruta con alto contenido de agua, carbohidratos, vitaminas, fibra y minerales, pero, sobre todo, una apetecible fuente de sacarosa natural. En Panamá es consumida en trozos o ensaladas, jugos, batidos, chicha de arroz con piña o como parte de diversos platos tradicionales, como el pollo con piña agridulce, entre otros usos gastronómicos que permiten aprovechar esta fruta, de la cual se utiliza desde su pulpa hasta su cáscara. Esta apreciada fruta se puede adquirir completa o procesada en supermercados, mercados públicos, puestos de venta, ferias, restaurantes, entre otros sitios de expendio en todo el país.
Pero un aspecto que quizás sea desconocido para parte de la población panameña es la tradición agrícola y cultural que está detrás de esta fruta. En Panamá, la mayor parte de la producción de piña para exportación y consumo local proviene de la provincia de Panamá Oeste, principalmente de la comunidad de La Zangüenga (también conocida como Las Zangüengas), en el corregimiento de Herrera, y de otras localidades próximas, que concentran más del 95% de la producción nacional; el resto proviene de plantaciones en las provincias de Chiriquí, Coclé, Colón, Herrera y Los Santos.
En Panamá hay más de 572 hectáreas dedicadas al cultivo, con una producción estimada de 747.507 quintales, incluyendo variedades tales como MD-2 y Cayena Lisa. La piña requiere una inversión estimada de más de 15.000 balboas por hectárea, sobre todo porque integra el uso de tecnología agrícola moderna para su adecuado desarrollo, desde la siembra hasta la cosecha.
Mantener el rubro en Panamá requiere que su proceso de producción sea sostenible económica, social y ambientalmente, razón por la cual se enfrenta a retos tales como el cambio climático, los problemas fitosanitarios, el incremento del costo de los insumos, los problemas ambientales derivados de la potencial contaminación que pueden producir los insumos utilizados en su producción y la competencia por el espacio para desarrollarse dentro de los ecosistemas cercanos. Esto obliga, cada vez más, a buscar nuevas alternativas que logren que la producción de piña sea más agroecológica.
Por esa razón, esta fruta forma parte desde hace mucho tiempo de la tradición panameña, pues su historia se remonta a la época precolombina y se ha preservado hasta la actualidad. De allí que se celebre la Feria de la Piña en La Zangüenga, que este año llegó a su XVII edición. Es a través de esta festividad comunitaria, tradicional y agrícola como se muestra toda la majestuosidad de este rubro, porque la piña es parte de la vida de los productores que se dedican a su cultivo.
El principal reto de la piña está en que tomemos conciencia de la necesidad de establecer y mantener una producción sostenible y resiliente, tanto por el futuro de la economía local de las comunidades que dependen de ella como por su aporte a la seguridad alimentaria de Panamá.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá/Centro Regional Universitario de Los Santos.

