A partir del momento en que el pasado 19 de junio se cumplió con la entrega oficial al Gobierno nacional, por parte de la firma multinacional de origen suizo Societé Generale de Surveillance (SGS), del informe de auditoría integral de la empresa minera Cobre Panamá, comenzaron a perfilarse las aristas de una encrucijada que, al parecer, inevitablemente se cierne sobre el país.
El extenso documento técnico, compuesto por 15 tomos y más de 20 anexos, fue recibido por la Comisión de Alto Nivel nombrada por el Ejecutivo, integrada por los ministros de Comercio e Industrias, Julio Moltó; de Ambiente, Juan Carlos Navarro; y de Economía y Finanzas, Felipe Chapman. Además, se encuentra a disposición de los ciudadanos para libre consulta en la página web del Ministerio de Ambiente.
Ante esta circunstancia, y antes de emitir opinión acerca del fondo del asunto o del contenido del propio informe, conviene detenernos a analizar, desinhibidos de prejuicios, las principales aristas o escollos que se vislumbran en los diferentes escenarios planteados para arribar a una decisión final sobre este sensible tema: la conveniencia o no de la reapertura de la mina de Donoso.
Empecemos por decir que, aun bajo el supuesto de que el citado informe de auditoría sea un dechado de virtudes en cuanto a honestidad, profesionalismo e imparcialidad en el manejo técnico de la información utilizada por la empresa consultora, dicho informe no pasa de ser una herramienta técnica válida de consulta. De ningún modo puede, ni debe, ser considerado la última y definitiva palabra que determine la voluntad soberana del Estado panameño ante una decisión de semejantes implicaciones.
En todo caso, resulta evidente para buena parte del país que los integrantes de la Comisión de Alto Nivel designada por el presidente Mulino para evaluar dicho informe y emitir conclusiones finales sobre el tema carecen de legitimidad ante amplios sectores de la ciudadanía, debido a declaraciones y acciones previas que han sido interpretadas como muestras de parcialidad. Me refiero específicamente al ministro Moltó, cuando afirmó: “La Corte declaró ilegal el contrato, no a la empresa minera”; al ministro Navarro, por su cambio de postura respecto a diversos temas ambientales; y al ministro Chapman, por su natural inclinación hacia los intereses del sector económico y empresarial al que pertenece.
Si, en cambio, el presidente Mulino llegase a considerarse a sí mismo como la autoridad idónea para tomar unilateralmente la decisión final sobre la reapertura o no de la mina y así lo anunciara al país, estaría asumiendo una enorme responsabilidad política. Una decisión de esa magnitud, adoptada sin mayores mecanismos de consulta, podría generar profundas divisiones y reacciones adversas en amplios sectores de la sociedad.
Como ciudadano de este país, y ante estos tres escenarios que describen a la calavera ñata por donde se le mire, me parece prudente advertir al señor presidente Mulino que ha llegado la hora de demostrar si cuenta con los quilates para convertirse en un estadista y no quedar reducido a un presidente más de los muchos que han pasado por el poder sin dejar huella trascendente.
Mire, presidente Mulino: curiosamente coincido con usted en que una decisión como esta no merece ni vale la pena llevarla a consulta y decisión de la Asamblea Nacional. Estoy convencido de que podría resultar peor el remedio que la enfermedad, pues esta institución, debido a los niveles de corrupción, oportunismo y prácticas cuestionables que ha exhibido durante décadas, se ha descalificado ante los ojos de muchos panameños para adoptar una decisión de esta magnitud.
En cambio, respetuosamente le propongo que delegue esta responsabilidad directamente al pueblo mediante una consulta popular, ya sea a través de un plebiscito o un referéndum. Si toma ese camino, contará con una legitimidad difícilmente cuestionable. Si, por el contrario, decide decantarse por alguno de los escenarios antes descritos, deberá prepararse para enfrentar las consecuencias políticas y sociales que puedan derivarse de esa decisión.
Pido a Dios que le ilumine el camino, señor presidente, a la hora de tomar esta importante decisión.
El autor es escritor y pintor.

