Soy del tiempo en el que cuando se veía a un ministro, a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia o a personas nominadas para cargos de alto escalafón en el sector público, veía a una persona con experiencia comprobada, basada en una amplia y sólida trayectoria profesional y personal, sea en el sector privado o por una carrera forjada en la esfera pública.
Una amplia y sólida trayectoria, como lo denota la palabra, debe ser “amplia”, no se construye en cinco o siete años. En un lapso tan corto de tiempo apenas se solidifica la fundación de lo que pudiera venir a ser en el futuro una verdadera trayectoria.
La amplitud a la que me refiero se logra luego de una vida de esfuerzo, hablemos de por lo menos 25 o 30 años de trabajo y dedicación, periodo en el cual la trayectoria de una persona ha tenido la oportunidad de enfrentarse a crisis y cambios de toda índole, probándose, así como profesional y como persona. Este sí es un plazo razonable que certifica o respalda a una persona a ocupar un cargo de esta envergadura.
Además, los puestos inicialmente mencionados deberían suponer ser la cúspide de una carrera, la más alta posición como profesional y/o servidor público a la que se puede aspirar, para luego retirarse y aprovechar toda su experiencia, si así lo desea, y servir como consultor o consejero.
Es cada vez más común ver personas muy jóvenes, yo también lo soy a mis 45 años y esto es un pecado, ocupando cargos de alto escalafón cuando aún les hace falta trayectoria para llegar a la cúspide de sus carreras, y muchas veces todavía se encuentran en una fase de sus carreras en la que su aspiración es hacer capital.
Un buen jugador de billar profesional no hace una jugada sin antes prever sus próximas una o dos jugadas, anticipando dónde quedará la bola blanca para ejecutar las jugadas venideras. Infelizmente, muchos ven los cargos públicos como una mesa de billar en donde se valen de informaciones privilegiadas o trazan planos estratégicos que los beneficiarán en el futuro.
Todo tiene su tiempo y su momento. Es hora de que nuestros gobernantes miren con luces largas y que tengan la conciencia ciudadana para escoger personas para altos cargos, que realmente cuenten con la debida experiencia e idoneidad moral.
Todo aquel que quiera hacer negocios que vaya al sector privado, pero que no se beneficie de cargos públicos que ha ocupado en el pasado para hacer fortuna, pues aún es muy joven y quiere tener más fortuna.
El autor es ingeniero mecánico