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Decisiones inteligentes: el poder de la prevención y los datos en la gestión moderna de salud

Decisiones inteligentes: el poder de la prevención y los datos en la gestión moderna de salud
La prevención es la mejor recenta contra las enfermedades.

Recientemente participamos en el quinto foro Panamá como centro de innovación en salud: oportunidades para el desarrollo sostenible y económico, realizado en el marco de Expocomer 2026. Tuve además el honor de moderar dos paneles: uno sobre la importancia de la prevención en salud pública y otro sobre el uso de la innovación y la inteligencia artificial en el proceso de integración del Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social. Ambos son temas sumamente relevantes para la gestión de la salud pública y que debemos reforzar como país.

Prevención en salud

La prevención en salud pública es clave para mantener el bienestar de nuestra población. Recordemos que la salud, según la Organización Mundial de la Salud, es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Es decir, es mejor mantenernos sanos de manera integral que esperar a enfermarnos para actuar.

Una población saludable es más productiva, entusiasta e innovadora. Cuando gozamos de buena salud, tenemos mayor capacidad física y mental para trabajar, ser eficientes y producir. Cuando estamos enfermos, simplemente no funcionamos de la misma manera.

De igual forma, el costo-beneficio de la prevención es evidente. Resulta más rentable prevenir una enfermedad, tanto para la persona como para la sociedad y el Estado. El economista Carlos Araúz, durante su charla magistral en el foro, nos recordó que la economía del país puede fortalecerse con un enfoque preventivo en salud. Las implicaciones económicas son claras.

La prevención en salud es una inversión rentable, no un gasto. Por cada dólar invertido en prevención se pueden generar hasta cinco dólares en retorno. Desde una perspectiva financiera, la prevención reduce los costos asociados al absentismo laboral, los accidentes y las enfermedades ocupacionales, lo que se traduce en una disminución del gasto total.

Lamentablemente, en los últimos años Panamá se ha inclinado hacia un enfoque predominantemente curativo. Las grandes infraestructuras sanitarias, el acceso a medicamentos y los servicios médicos especializados han ganado protagonismo ante la opinión pública, mientras la prevención ha quedado rezagada. Es necesario impulsar un cambio cultural y de inversión en salud pública.

Existen cuatro niveles de prevención. La prevención primaria busca evitar la aparición de enfermedades eliminando factores de riesgo y promoviendo conductas saludables. Ejemplos claros son las vacunas y las campañas antitabaco, ambas políticas sólidas de nuestro sistema de salud. Sin embargo, nuestro alcance parece detenerse allí. Otros ejemplos incluyen el uso de preservativos, una alimentación saludable y la actividad física. A pesar de ello, las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, continúan en aumento, y se estima que el 70% de nuestra población vive con sobrepeso.

Esto revela que estamos fallando en la prevención primaria debido, en gran medida, a la falta de recursos y de financiamiento suficiente para la promoción de la salud.

La prevención secundaria consiste en la detección temprana de enfermedades, por ejemplo mediante mamografías o pruebas de Papanicolaou. Sin embargo, en promedio solo el 12% de las mujeres elegibles se realiza estos exámenes de forma anual. Les debemos a nuestras mujeres ir más allá de las cintas rosadas en octubre.

La prevención terciaria se enfoca en la recuperación y rehabilitación física y mental después de una enfermedad, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y evitar complicaciones. Incluye el manejo de enfermedades crónicas.

Finalmente, la prevención cuaternaria busca evitar el sobretratamiento y proteger al paciente de intervenciones innecesarias, lo que se conoce como iatrogenia. Todos estos niveles de prevención ayudan tanto al sistema de salud como a las personas a actuar en distintas etapas del proceso de enfermedad. Y una de las herramientas más poderosas para lograrlo es la tecnología.

La importancia de los datos

Sin datos no contamos con la información ni con la evidencia científica necesarias para prevenir y controlar enfermedades. Por ello, los esfuerzos coordinados entre distintas entidades de salud, junto con el apoyo de la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental, pueden generar y administrar la información necesaria para avanzar en este objetivo.

Dentro de esta iniciativa se propone mantener e integrar expedientes electrónicos de los pacientes. Esto permitiría generar evidencia útil para el diseño de intervenciones y normativas más adecuadas, mejorar la prevención y optimizar el manejo de enfermedades, evitando duplicidad de servicios y tratamientos. Además, facilitaría la generación de datos para la investigación científica.

La prevención es la solución. Y con tecnología, podemos lograrlo.

La autora es doctora en salud pública.


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