Es recurrente escuchar a personas, intelectuales y expertos, repetir sin cesar que Panamá tiene un sistema capitalista o neoliberal, llegando incluso a ser más osados para afirmar que los grandes males que vive Panamá se deben al sistema capitalista.
¿Qué es lo grave o peligroso de dichas afirmaciones? No solo que parten de un desconocimiento de los sistemas económicos, sino que busca desacreditar un sistema que ha sido exitoso tanto en lo económico, social y político, desde la Revolución Industrial, hasta nuestros días.
El sistema capitalista ha demostrado su superioridad inigualable, donde su secreto mejor guardado yace en los principios de libertad, la división del conocimiento y trabajo; y sobre todo la “mano invisible” o el orden espontáneo.
¿Qué sistema tiene Panamá y por qué se puede argumentar que no es un sistema capitalista? Panamá en realidad tiene un sistema llamado “Cronyism” o “amiguismo”, es mejor conocido como capitalismo de amigos; pero esta definición es contradictoria en sí misma como más adelante veremos.
El amiguismo no es más que un sistema basado en el uso de la influencia política para sacar ventajas tanto empresariales como particulares con la finalidad de obtener una serie de beneficios y privilegios a costa del resto de la sociedad.
Este sistema no promueve la libertad de mercado, la libre competencia, la igualdad ante la ley, los límites al poder ni el respeto a la propiedad privada; es justamente lo opuesto a los principales fundamentos de un sistema capitalista.
En realidad, lo que promueve el amiguismo es el proteccionismo, la desigualdad ante la ley, Estados ilimitados, ausencia de competencia y libertad; sin dejar de lado que este sistema termina socavando la democracia y las instituciones.
Panamá se ha basado en este sistema desde 1821, en mayor o menor medida, pero con el pasar de los años este sistema ha ido tomando preponderancia, desplazando así lo poco que tenía Panamá de un sistema capitalista o de libre mercado.
Los empresaurios o prebendarios, son empresarios que odian la libertad empresarial, la competencia y la innovación. Buscan en los gobiernos y el Estado esa forma de favorecerse u obtener privilegios.
Es así como las privatizaciones que suelen usarse como fundamento de un sistema capitalista en Panamá no son más que la validación del sistema de amiguismo; donde el favoritismo, el proteccionismo, la ausencia de reglas claras, terminaron generando una ineficiencia, una pésima calidad de algunos de esos servicios y precios elevados.
El éxito de estos “empresaurios” no se basa en la competencia, el desarrollo, la creación destructiva ni la perspicacia empresarial. Su éxito está basado en la conexión privilegiada con políticos y gobiernos para obtener beneficios y ganancias. Pero no es solo el “empresaurio”, también los sindicatos por medio de la violencia, la extorsión y la amenaza se han beneficiado de este sistema, como parte dentro de la sociedad civil también ha salido beneficiada, mediante designaciones, contratos o posiciones que pasan por encima de todo mérito o esfuerzo propio.
Este sistema distorsionado del capitalismo no es más que un sistema anticapitalista. No es más que un sistema inmoral que favorece el clientelismo y el favoritismo. Es un sistema ineficiente que termina convirtiéndose en la puerta de entrada a caudillos, déspotas y totalitaristas.
Ese es el verdadero sistema de Panamá, que nada tiene que ver con el capitalismo, sino que dadas sus características termina transformándose en un sistema colectivista, dado que es la única forma de seguir favoreciendo y privilegiando a grupos cercanos al poder.
El autor es economista y amigo de la Fundación Libertad
