EXPERIENCIA

Lo que nos dejó la JMJ

Haciendo un breve recuento pienso, sin lugar a dudas, que la JMJ nos dejó muchas cosas positivas. Una de las más importantes sería la seguridad de que, como país, tenemos la capacidad de organizar y llevar a cabo un evento de calidad y talla internacional. No hay por qué dudarlo: los que tuvimos la oportunidad de participar, tanto nacionales como extranjeros, pudimos disfrutar de eventos muy bien planificados, que nos llenaron el espíritu y el alma de una vibra de paz, amor y alegría que espero permanezca en nosotros por mucho tiempo.

El papa Francisco, con su sola presencia, transmitió a las personas que lo vieron y escucharon, esa seguridad de que se estaba frente a un ser especial; sus mensajes dirigidos no solo a los jóvenes, sino también a las familias, parejas, sacerdotes, católicos y no católicos fueron escuchados con atención y ojalá no sean olvidados.

La JMJ nos dejó una Iglesia católica y parroquias, tanto en el interior como en la ciudad, más unidas y fortalecidas, confiamos mantengan ese entusiasmo y unidad en otros proyectos dirigidos a las comunidades donde se encuentran.

Así mismo, nos dejó la seguridad de que podemos ser serviciales, amables y atender con alegría y buena cara a las personas que nos visitan. Se probó que esa expresión: “el panameño no tiene vocación de servicio”, no es cierta y que cuando nos ponemos la camiseta de Panamá, dejamos a nuestro país en alto. No cabe duda de que todos pusimos nuestro granito de arena; las familias de acogida haciendo sentir como en casa a los peregrinos, los policías y bomberos poniendo orden y dando indicaciones con amabilidad y el sistema de transporte que fluyó muy bien.

Es importante destacar la participación y el apoyo que se tuvo de otras religiones, pues tanto la comunidad judía como la musulmana, también abrieron sus puertas a los peregrinos. La JMJ nos dejó la seguridad de que, sin distinciones religiosas, de raza o de nivel socioeconómico, los panameños nos podemos unir y dar nuestra mejor cara al mundo.

Conversando con unos amigos que fueron voluntarios y estuvieron muy de cerca en toda la planificación y protocolo del evento, supe que, a diferencia de otras JMJ, que son organizadas principalmente por los propios sacerdotes, esta JMJ contó mayormente y desde su inicio con el apoyo de laicos que dedicaron su profesionalismo, tiempo, entusiasmo y sobre todo mucho amor, a la planificación de esta actividad. Supe además que, como en todo evento de esta magnitud, se dieron muchos contratiempos, que gracias a Dios y a su determinación, pudieron solventar y de los que, quienes estuvimos como espectadores, jamás nos dimos cuenta. Muchos trabajaron 24/7 y no vieron casi a sus familiares durante toda la semana, pues tenían el compromiso de velar para que obispos, cardenales y peregrinos tuvieran una buena experiencia en nuestro país, cuidando cada detalle. A todos ellos va nuestro eterno agradecimiento, porque desde el día uno se pusieron la camiseta, creyeron en la JMJ y trabajaron hombro a hombro con muchas otras instituciones y estamentos gubernamentales, que también hicieron suyo este evento… De todo corazón, ¡gracias!

La autora es directora de una agencia publicitaria. 

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