Exclusivo

Del apagón al amanecer: la oportunidad que Centroamérica no puede dejar pasar

Del apagón al amanecer: la oportunidad que Centroamérica no puede dejar pasar
El proceso busca garantizar 500 megavatios en potencia, a través de centrales eléctricas renovables nuevas o existentes, que representan una inversión de aproximadamente de hasta 400 millones de dólares.

Centroamérica enfrenta una paradoja energética que ya no puede seguir postergando. Aunque la región ha avanzado en interconexión, diversificación y regulación, continúa atrapada en un modelo vulnerable: altos costos, dependencia de combustibles fósiles importados, infraestructura envejecida y una exposición creciente a eventos climáticos extremos.

Cada apagón, cada alza tarifaria y cada crisis de abastecimiento revelan la misma verdad incómoda: el sistema energético actual está llegando a su límite.

La transición hacia energías renovables no es un lujo ambientalista ni un proyecto futurista. Es, en términos estrictos, la diferencia entre un futuro de estabilidad y uno de incertidumbre permanente.

Centroamérica posee una ventaja comparativa excepcional: sol, viento, agua, geotermia y biomasa en abundancia. Lo que falta no es recurso, sino decisión política y visión estratégica.

Una región atrapada entre la volatilidad y la oportunidad

Los países centroamericanos destinan miles de millones de dólares cada año a la importación de combustibles fósiles. Esa dependencia no solo presiona las finanzas públicas, sino que expone a los hogares y a las empresas a la volatilidad internacional.

Cuando sube el petróleo, sube todo: la tarifa eléctrica, el transporte, los alimentos, la producción. La economía regional está amarrada a un mercado global que no controla.

A esto se suma la vulnerabilidad climática. Sequías prolongadas reducen la generación hidroeléctrica; tormentas intensas dañan redes de transmisión; olas de calor disparan la demanda. La región está pagando, en tiempo real, el costo de no haber acelerado la transición energética hace una década. La pregunta ya no es si debemos cambiar, sino cuánto más podemos esperar.

Panamá: entre el riesgo y la oportunidad

Panamá ocupa una posición estratégica en este debate. Su matriz eléctrica es más limpia que la de muchos vecinos, pero sigue siendo vulnerable a la variabilidad climática y a la dependencia del búnker y el diésel en momentos críticos. Además, el crecimiento urbano, logístico y portuario del país exige una red más robusta, más inteligente y diversificada.

La oportunidad está servida. Panamá puede:

  • Atraer inversión privada en solar, eólica, almacenamiento y redes inteligentes.

  • Acelerar la regulación para permitir microrredes, generación distribuida y comunidades energéticas.

  • Convertirse en un hub regional de innovación, certificación y financiamiento verde.

  • Integrar la transición energética al modelo urbano, especialmente en el área metropolitana, donde la movilidad eléctrica, la eficiencia y la planificación pueden reducir costos y emisiones.

El país puede liderar, pero solo si deja de pensar la energía como un sector aislado y la entiende como un pilar de competitividad nacional.

La transición no es solo técnica: es política y social

La resistencia al cambio no proviene de la falta de tecnología, sino de la falta de visión. La transición energética exige decisiones valientes: reformar subsidios, modernizar marcos regulatorios, fortalecer a los reguladores y comunicar con claridad que el costo de no hacer nada es mucho mayor que el costo de transformar.

Además, la transición debe ser justa. No puede recaer únicamente en los hogares ni en los sectores productivos.

Debe incluir programas de eficiencia, incentivos para pymes, electrificación del transporte público y mecanismos para que las comunidades participen y se beneficien. La energía no es solo un servicio: es un derecho habilitador del desarrollo.

Del apagón al amanecer

Centroamérica está en un punto de inflexión. Puede seguir reaccionando a las crisis, apagón tras apagón, tarifa tras tarifa, o puede asumir que la energía es la base de su desarrollo económico, social y ambiental. La transición hacia renovables no es un discurso aspiracional: es la única estrategia realista para garantizar estabilidad, competitividad y resiliencia.

La región tiene el recurso, la tecnología y la urgencia. Lo que falta es convertir la oportunidad en política y la política pública en acción.

El amanecer energético está ahí; depende de nosotros dejar atrás la oscuridad.

El autor es exministro de Vivienda y estudiante de maestría en Ordenamiento Territorial para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de la Panamá.


LAS MÁS LEÍDAS

  • Científicos descubren ‘vida en un castillo de cristal’ y docenas de nuevas especies marinas. Leer más
  • El puente de las Américas será revisado por personal del Ejército de Estados Unidos. Leer más
  • Una Directora nacional mantenía bajo su supervisión a su cónyuge; Antai aplica sanciones. Leer más
  • Mayer Mizrachi cancela licitación para renovar la calle 50 por falta de recursos. Leer más
  • CSS pagará quincena y bono de $50 el 17 de abril: ¿quiénes quedan excluidos?. Leer más
  • Maersk responde a PPC: ‘No somos responsables de las reclamaciones’. Leer más
  • Colegio de Abogados tilda de ‘extralimitación de funciones’ actuación de la Contraloría. Leer más