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Transformando desde la Asamblea Nacional la educación en Panamá

El sistema educativo enfrenta grandes retos que han sido objeto de numerosos diálogos. A pesar de estos esfuerzos, la verdadera transformación educativa aún se nos escapa. Para afrontar los desafíos más grandes en educación, se requiere una hoja de ruta basada en evidencia y en consensos.

Se ha cumplido invirtiendo un porcentaje significativo del Producto Interno Bruto (PIB) en el sector educativo, similar a países como Chile. Sin embargo, mientras que Chile se posiciona entre los primeros puestos en las pruebas internacionales (ERCE), Panamá se destaca por ocupar los lugares más bajos, a pesar de dedicar una cantidad igual o superior de recursos como porcentaje del PIB.

Esta disparidad plantea una pregunta: ¿es suficiente la inversión económica para asegurar una educación de calidad? Pude probar que no es así. A través de mi proyecto de maestría en análisis económico, realicé un estudio enfocado en determinar si el incremento del presupuesto en educación en Panamá incide en una mejor calidad educativa. El resultado, basado en 20 años de datos obtenidos de entidades nacionales e internacionales, es que no existe una correlación directa entre la inversión en educación y la calidad de los resultados educativos, lo que demuestra que la inversión financiera no es suficiente para impactar en la calidad y en la equidad de la educación en Panamá.

A través de diversos diálogos nacionales, así como en mi estudio, se han identificado las principales causas de porqué no incide la inversión en educación en la mejora de los aprendizajes. La gestión deficiente, la formación docente inadecuada y la inversión mal dirigida incide en la calidad y en la equidad de la educación.

La gestión centralizada del Ministerio de Educación perpetúa un sistema ineficaz en el que los procesos de contratación de docentes, la distribución de recursos y la dotación de infraestructura apropiada son excesivamente burocráticos y politizados. La falta de planificación estratégica impide que las escuelas se adapten a las demandas nacionales e internacionales e implica una pérdida de oportunidades y de competitividad.

La cobertura escolar sigue siendo un desafío. Aunque la tasa de escolarización para niños de seis a once años alcanza el 90%, la cobertura desciende drásticamente al 50% para los adolescentes de 15 a 17 años. La deserción escolar es un problema que debe abordarse mediante políticas públicas que aseguren que los estudiantes no abandonen la escuela.

La calidad de la educación en sí misma es preocupante. Diversas evaluaciones reflejan que un gran porcentaje de estudiantes no alcanza los niveles adecuados en materias fundamentales como matemáticas, ciencias y lenguaje. Urge revisar y fortalecer los métodos de enseñanza; así como proporcionar formación continua y especializada a los docentes. Todos estos problemas se multiplicaron durante la pandemia.

Durante más de 30 años, en 17 iniciativas, diferentes sectores -gremios docentes, padres de familia, estudiantes, trabajadores, empresarios, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil-, han trabajado juntos para consolidar una hoja de ruta que garantice una educación de calidad. Estas iniciativas han sido validadas por más de 25,000 propuestas ciudadanas a través del Pacto del Bicentenario.

Como diputado e investigador, mi compromiso con el sector educativo es firme. Nuestra propuesta para la junta directiva de la Comisión de Educación, Cultura y Deporte, la primera de su tipo en la historia del país, se basa en estos diálogos y consensos.

Al fomentar el deporte y la cultura como parte integral del desarrollo ciudadano, la Comisión contribuye a un enfoque holístico en el ámbito educativo y cultural.

Nuestra visión es convertir a la Comisión en un motor de promoción de la mejora educativa continua. Se requiere voluntad política para transformar las propuestas en políticas públicas garantizadas mediante leyes y fiscalizar su implementación.

Estoy seguro que un año es suficiente para sentar las bases del sistema educativo robusto y justo que tanto necesita el país.

Panamá se encuentra en un punto de inflexión en el que la gestión educativa, la formación docente y la inversión estratégica deben alinearse para cerrar las brechas existentes. Con un enfoque centrado en resultados concretos y la participación activa de todos los sectores, es posible transformar nuestro sistema educativo en un modelo de excelencia y equidad.

El autor es diputado del circuito 8-4.


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