Se preguntarán por qué este título. Bueno, viajo diariamente desde el sector Oeste (hoy llamado El West) hacia Panamá, a veces por la vía Centenario y otras por el puente de Las Américas. En ese viaje diario, me molesto, me siento impotente y, algunas veces, me digo en voz alta: “¿Y a estos qué les pasa?”, “¿No les enseñaron a conducir?”. No es que yo sea la mejor conductora, no, no lo soy. Como todo ser humano, tengo mis errores, pero al ver y escuchar que la cantidad de accidentes de tránsito ha aumentado, y que las víctimas fatales por atropello también, me pregunto: ¿por qué no hacemos nada? ¿Por qué no hay más educación vial? ¿Por qué no se toman medidas para que haya más policías en horas pico?
Saben que algunos carros particulares y algunos transportes públicos conducen todos los días por el hombro y no utilizan las luces intermitentes o direccionales. Sí, claro que sí, todos lo sabemos, pero pareciera que los conos o tanques que se colocan en los hombros o los policías que a veces están en las salidas están de adorno. Y esto lo digo con propiedad: la gente se burla de eso e igual siguen conduciendo por donde no está permitido.
En este tránsito diario, converso con mi hija, y hace unos días le dije: “Voy a escribir una carta para enviarla a los medios de comunicación, a la policía o a no sé quién”, porque necesito que alguien me escuche. Su respuesta fue: “¿Ay, mamá, para qué?”. Pero aquí estoy, tratando de hacer algo: escribir. Lidiar con esta situación que a diario me altera, y que imagino a muchos también.
El tener unidades de policía motorizada en las salidas o entradas de la autopista Arraiján-La Chorrera hace que los conductores transiten por la vía y no por el hombro. Les comento algo que vi hace unos meses y que ya no se hace: era efectivo contar con ese personal, pues evitaba que conductores desordenados utilizaran las vías no permitidas. Este es un ejemplo de que se pueden lograr cambios.
Entiendo que no es fácil, que tal vez no haya suficiente personal, pero nosotros, los usuarios, estamos cansados y nos enfrentamos diariamente con este escenario, que realmente es muy incómodo. ¡Ah, y qué decir del uso del celular! Parece que ya es costumbre usarlo mientras se conduce. Se chatea y se habla; señores transportistas, llevan personas a su cuidado, no jueguen con su vida y sean respetuosos cuando se les pide bajar la velocidad o dejar de usar el celular. La mayoría de las veces se molestan cuando se les llama la atención e incluso dicen que es su vehículo. Recuerden que sin los usuarios, su fuente de trabajo se vería afectada.
Señores conductores de autos particulares, dejen de usar el celular también. Les puedo decir que conduzco aterrorizada, mirando por los retrovisores, porque quien conduce detrás de mí está usando el celular. Y cuando voy al lado de otro conductor, no sé cómo lo hacen, pero conducen utilizando el teléfono de manera arriesgada.
Me hace sentir bien que algunas personas, en redes sociales, se han convertido en vigilantes de las carreteras y envían imágenes a páginas de Instagram y a las autoridades para que hagan el trabajo de multar a esos conductores irresponsables.
Finalizo manifestando mi preocupación por aquellos que aún no entienden que conducir de manera indebida puede terminar con su vida o la de otros. Tomemos conciencia y hagamos de Panamá un mejor país.
La autora es psicóloga y ciudadana de la provincia de Panamá Oeste.