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Demagogia, secretismo y descaro Deuda pública

Ante la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional, el vicepresidente de la República y ministro de la Presidencia transmitió mensajes chauvinistas, demagógicos y populistas, a los que debemos ponerles mucha atención para no caer en la trampa. Inició diciendo que recibieron un país con deudas que superaban los $1,819 millones (empezó mal, trayendo a colación, otra vez, un tema de más de tres años de longevidad que debía estar superado). Entonces, dijo que Panamá, para recuperarse o restructurarse financieramente, debía salir a los mercados. Era necesario, continuó, establecer en el Gabinete estrategias presupuestarias para salir del déficit. Luego, afirmó que el ministro del MEF planteó estrategias para buscar mercados financieros cuando consideró que éstos estarían aptos para actuar en beneficio del país. Señaló, sin explicarlo ni razonarlo, que si como Consejo de Gabinete decían públicamente que saldrían a los mercados, los esperarían y así nunca se propiciaría un ambiente con las entidades financieras para que el país pudiese salir a conseguir, por ejemplo, lo que obtuvieron en enero de 2022, a saber, $2,000 millones que el país requería para pagar “deudas viejas”.

Definitivamente que este gobierno tiene una enfermedad crónica. Lo demuestran las palabras del vicepresidente. Todavía, a más de tres años de mandato, cuando supuestamente entre noviembre de 2019 y marzo de 2020 pidieron miles de millones en préstamos, específicamente $5,800 millones (de los cuales $5,308 millones serán para pagar deudas de gobiernos pasados, como $1,836 millones para pagar a proveedores y contratistas, cubrir un déficit de $2,317 millones del presupuesto de 2019 y obtener $1,155 millones para cancelar el vencimiento de bonos de deuda de administraciones pasadas), resulta que hoy, tres años después, este gobierno sigue pagando o diciendo que paga supuestas “deudas viejas” por $2,000 millones más. Afirmación que resulta ser una falacia del vicepresidente, cuando recientemente el ministro del MEF aclaró que las abultadas planillas y los irresponsables subsidios se están pagando con deuda a través de voluminosos préstamos. Entre estos, el vale digital, subsidio que dice el vicepresidente de manera populista y demagógica que quienes no están de acuerdo con ese vale, es porque “no lo necesitan”, porque no recorren los barrios de las comunidades y comarcas. Como si el ciudadano común, aquel al que le quebraron el negocio, le suspendieron el salario, le quitaron el empleo por “solidaridad” en plena pandemia o que está buscando trabajo, tenga ahora que estar haciendo política y sin fondos (recordemos que el Tribunal Electoral dijo que, para hacer política, hay que tener plata). Falta a la verdad el vicepresidente cuando se le olvida aceptar que la planilla estatal se pagó toda, sin excepción, frente al sacrificio “solidario” que le impusieron al sector privado y del que no se ha recuperado.

Pero lo más denigrante es que utiliza como excusa para mantener las actas del Consejo de Gabinete en el secretismo o calificarlas de acceso restringido por un periodo de 10 años (el vicepresidente utiliza la cínica palabra “temporal” al referirse al tiempo de la restricción), la necesidad de un endeudamiento que es continuo, imparable, irresponsable e insostenible. Agrega que hay “ciertos actos que al país no le conviene anunciarle al mundo”. Entonces la pregunta que debemos hacerle al vicepresidente sería: si se trata de “ciertos actos”, ¿por qué todas las actas son de acceso restringido y no solamente aquellas que se refieren a la irresponsable tarea de endeudar el país? Endeudamiento que, según él, beneficia al pueblo panameño, cuando por un tema de transparencia y rendición de cuentas debería ser todo lo contrario, es decir, de dominio público.

Sorprendentemente, considera el vicepresidente que ese secretismo ha permitido que los préstamos se hayan otorgado con “intereses beneficiosos para el país”. Pero se le olvidó señalar que todos los préstamos realizados antes de la aprobación del acceso restringido, que superaron incluso los $5,800 millones, se supone que fueron igual de beneficiosos y sin la necesidad de mantener las actas del Consejo de Gabinete como de acceso restringido por 10 años. Y que además se utilizaron para “cubrir déficits” anteriores, pero sin explicarnos por qué estos déficits todavía continúan aumentando hoy.

En conclusión, entendamos de una vez por todas que la fantasmagórica reactivación económica parece girar en torno a los miles de millones de dólares que seguiremos pidiendo prestado a las entidades financieras, bajo el secretismo de actas del Gabinete con acceso restringido por 10 años, hasta que perdamos el grado de inversión y no haya otra salida que subir los impuestos. Será entonces que nos acordaremos de aquel joven vicepresidente, que solo sirvió para encubrir la realidad con el manto del falaz desparpajo, la descarada ilusión y el insolente cinismo.

El autor es abogado


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