El 22 de diciembre pasado, The Guardian informaba que “la administración” Trump había arrestado más de 328,000 personas y deportado a cerca de 327,000. Alrededor de estas cifras hay unas interesantes situaciones que el economista de salud, Jonathan Gruber, señala a Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, sobre la intersección entre los cuidados de salud y las políticas de inmigración de Estados Unidos.
Para que el seguro de salud fuera posible en las bolsas, la Ley de Atención Médica Asequible (“Affordable Care Act”) del presidente Obama creó subsidios fiscales: se pagaba un porcentaje variable de los ingresos para asegurar mayores coberturas para la diversidad financiera de las poblaciones. El presidente Biden le hizo algunas reformas para expandir beneficios y la Administración Trump no extendió su vigencia. Esto afectó a las personas de más bajos ingresos, a las personas de ingresos medios, y a los mayores que viven en estados muy caros, todo lo que aumentó el número de personas sin seguros de salud.
Es conocido que las personas con seguros de salud van a la quiebra menos frecuentemente, menos de ellos tienen deudas delictivas y las ventas de Prozac o la depresión caen, al menos en un 30%, entre la población asegurada. El mejor estimado es que, por cada 800 personas que pierden una póliza de seguro de salud, una persona morirá cada año. Si 4 millones de personas pierden su seguro de salud, es de esperar 5,000 muertes más cada año.
El costo de extender estos subsidios por una década más, continúa diciendo Gruber, sería solamente una décima parte del aumento del déficit que producen los recortes de impuestos de Trump a los billonarios. Así, 300 millones de dólares en subsidios representan 3,300 millones de dólares en los recortes de impuestos de Trump, 10 veces más en recortes para los ricos. Y, para actualizar el campo de batalla, solo el presupuesto de ICE está ya en los 80 mil millones de dólares.
Pero llegaron las deportaciones, el tratamiento indigno a seres humanos, descalificados arbitrariamente y los insospechados resultados de las políticas xenofóbicas. La pregunta que se hace Gruber y otros es: ¿si se cambia el número de inmigrantes en la nación, se cambian el pronóstico de salud y la mortalidad para nuestros mayores de edad? El flujo de inmigrantes que cuidan de mayores de edad en EUA revela que estos constituyen un número grande e importante: “Los inmigrantes están desproporcionadamente representados en el sector salud en general y en particular, en el sector de cuidado”.
Volviendo entonces a la pregunta anterior, cuando hay más inmigración hay un significativo aumento en el número de cuidadores de personas mayores. Uno de cada 3 trabajadores, en casas de ancianos, son inmigrantes. Dieciocho por ciento (18 %) de todos los trabajadores de salud son inmigrantes. La mayor parte, si no todas las asistentes de enfermería certificadas en EUA son inmigrantes. Los trabajadores nativos no quieren cambiar sábanas, limpiar bacinillas, poner y quitar pañales de adultos, bañarlos y asearlos, alimentarlos y acostarlos a descansar y, mucho menos, curarles las úlceras por presión que desarrollan en la piel entre los glúteos, sobre el coxis, otros sitios de la espalda o arriba de la nuca.
Gruber dice que “si hay un aumento de 25 % de inmigración legal en EUA -325,000 personas- esto producirá 5,000 menos muertes en mayores de edad”. Cuando se analiza la situación de inmigrantes haitianos, una representación importante en el cuidado de la salud, si se deportan 330,000 inmigrantes legales -los planes del TPS (estado del inmigrante designado por la Secretaría de Seguridad de la Nación) son deportar a 352,959- esto causará 9,000 muertes más por año, entre mayores de edad. La mayor parte, si no todas, de las asistentes de enfermería certificadas en EUA son inmigrantes.
El candidato Trump hizo su campaña asegurando que “llevaría a cabo la mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos”. Más que una promesa electoral fue otro “trading”, una oferta frente a una demanda, una forma de intercambio de seres humanos por votos. Una inmoralidad.
No dijo cómo lo haría, pero eso nunca se lo preguntaron tampoco. El Consejo Nacional de Inmigración del país revela un crecimiento sin precedentes en el número de detenciones en cualquier día de mediados del mes de enero de 2026: 73,000 personas. Para ello, hay 80 mil millones de dólares presupuestados, montones de golpes, kilómetros de calles donde arrastrar a los inmigrantes por su color, su acento y sus facciones, niños arrancados de los brazos y cuidado de sus padres, muertos cubiertos de mentiras para esconder los crímenes.
Estas prácticas han elevado en 2,400 % el número de personas, sin cargos criminales, detenidas por ICE, en cualquier día. Para el 7 de febrero, el 73.6 % de los detenidos no eran convictos de crimen alguno. Los inmigrantes sin antecedentes penales que han sido capturados por el ICE tienen más del doble de probabilidades de ser mujeres (12 %) que quienes sí los tienen (5 %).
También existe una robusta literatura sobre los efectos dañinos a la salud de los inmigrantes y sus familias, que producen las severas políticas de inmigración y su criminalización de los últimos años. Políticas que desconocen el dominio de la ley civil en los asuntos de inmigración. “Las investigaciones demuestran un aumento de la mala salud mental y desenlaces adversos en el nacimiento de bebés, una menor utilización de la atención médica y la pérdida de confianza en las fuentes gubernamentales de información sanitaria, lo que afecta a los inmigrantes no autorizados, a sus familias y a grupos raciales y étnicos más amplios”.
El país no es más seguro, a pesar de estos métodos deshumanizados para producir terror. Las discreciones de la Administración Trump para lograr 3,000 detenciones diarias, al menos y a como den lugar, están grabadas para el día del Juicio Final. No van a servir los crucifijos asfixiados entre los pechos ni la absoluta ignorancia sobre el cristianismo, que dicen profesar.
El autor es médico.

