Para enero de 1955 yo ya era una estrella mundialmente reconocida con 64 años de edad. Era médico forense y criminólogo de nacionalidad cubana. Gracias a esto el presidente José Ramón Guizado (JRG) solicita mis servicios y la prenda de Fulgencio Batista me envía a Panamá. A José Antonio Remón Cantera lo acababan de enterrar y empiezo a husmear la evidente autoría del magnicidio. Mea culpa porque se lo comenté a mis colegas panameños y horas después me deportan.
Los pretorianos del recién autonombrado ministro Alejandro Toto Remón Cantera (¡hermano!) me conducen a Tocumen para una partida prematura. Pero peor destino le embarcan a mi solicitante JRG, ya que lo defenestran a los 11 días de tomar posesión presidencial y derechito a la Modelo por 35 meses. ¡Cosa más grande chico!
Me llamo Israel Castellanos y esta es mi historia.
A las 9:00 a.m., la mañana siguiente del magnicidio, se inicia la investigación oficial y la reconstrucción de los hechos en el club house del Hipódromo Juan Franco. Lamentablemente las evidencias en la escena del crimen fueron contaminadas debido a una inspección poco profesional. Simultáneamente, JRG iniciaba a solicitar ayuda a gobiernos extranjeros. Los investigadores foráneos solicitados por JRG no habíamos llegado aún a Panamá.
Mientras tanto, en el palacio de las Garzas hubo mucha dinámica desde el magnicidio hasta el día en que fui deportado. JRG nos trajo para desgarrarle el velo a los perpetradores. Pero para cuando habíamos iniciado nuestras respectivas investigaciones in situ, JRG es detenido en el día 11 de su administración. El paisaje y disposición para nosotros continuar investigando había cambiado dramáticamente. No contábamos con la cooperación necesaria de las autoridades. ¡Broma aparte, únicamente nos enterábamos de las investigaciones por medio de los periódicos locales!
Como investigador que soy me preguntaba: ¿Cuál era el afán de matar a Remón, cuando muchos ya sabían que padecía de cirrosis del hígado y sus meses o años eran contados? ¿A quiénes les convenía un Remón muerto ya, pero ya y ya en 1955? ¿Por qué asesinar políticamente a JRG a solo 11 días en el solio presidencial? ¿Por qué fue JRG condenado por un testimonio no comprobado y luego retractado antes de que las audiencias se iniciasen? ¿Por qué el joven atleta Danilo Sousa Moreira llega al Santo Tomás con tres balazos, cuando en la escena del crimen solo estaba herido de una bala antes de que lo metan en la patrulla #24? ¿Por qué muere el herido Toño Anguizola de una alelazón ajena a su cuadro médico?
Todo esto empezaba a emitir el típico fétido aroma de conspiración, al igual que a los autores intelectuales les sobraban los millones. Más fácil aún cuando a escasos días de ser JRG removido mi némesis, Toto Remón, es nombrado ministro de Gobierno. Aunado a eso es también beneficiado de un generoso préstamo gubernamental de $450 mil, el cual no contaba con el más mínimo análisis financiero. JRG, siendo presidente, se había opuesto a ambas acciones y ese fue su beso de la muerte junto al show judicial que le montaron.
El antes segundo vicepresidente Ricardo Dicky Arias Espinosa pasa a presidente y extrañamente no mueve un dedo para resolver un asunto que exuda embuste. Aunado a eso la ahora viuda y heredera tampoco mostró señales de perseguir la verdad. Desconozco si es cierto o no que Remón estaba tramitando su divorcio, pero sí sé que el hado la salvó de la indigencia el resto de su vida. Lo que más me alucina es que estas tres poderosas personas (Dicky, Toto y la viuda) no mostraron interés alguno en resolver el alud de enigmas detrás del asesinato.
Remón pisó muchos callos del patriciado local durante su presidencia. Entre algunas de las imposiciones destinadas a ellos estaba que todos los ciudadanos por igual están obligados a pagar impuestos (ejemplo: paz y salvo). Eso de que estaban por encima de la ley fiscal se había acabado. Por ende, este gravamen fiscal erosionaba dramáticamente su abultado patrimonio. Otros beneficiados de su muerte eran los narcotraficantes locales, entre estos oficiales en la comandancia y muchos de sus altos perfiles.
De la avenida B me viene a la mente el #3, el SOB de Teófilo Meléndez. Le sospecho de matar a Danilo Sousa Moreira mientras era transportado en su patrulla #24 con una herida de bala. ¡El exmedallista llegó al Santo Tomas con tres! El día siguiente el patrulla fue visto en la chapistería de Heurtemate & Arias con dos agujeros dignos de una incisiva calibre 45; solo la Guardia Nacional portaba esas.
En fin, a los investigadores foráneos nos torpedearon 24/7 cuando solo queríamos ayudar a nuestros anfitriones. En mi caso, yo vine directo en primera vía Braniff desde La Habana. Dos días después soy deportado a Caracas en gallinero en el primer vuelo disponible a las 3:00 a.m. Seis semanas después JRG y Rubén Miró fueron encontrados culpables y sentenciados a seis años en el presidio. Panamá ya no tiene aquel millón de habitantes de entonces y un presupuesto nacional de no más de $100 millones.
Las cosas han cambiado; ahora tiene 4 millones de habitantes y un presupuesto de $24 billones. Lo que sí no ha cambiado es su mal intencionado e inoperante Ministerio Público, junto a una Asamblea Nacional que continúa siendo un quilombo (para no decir bordello). Afortunados los perpetradores que el FBI denegó la invitación de Guizado debido a política interna gringa. Esos colegas míos no hubieran permitido tanto sabotaje por parte del ministro Alejandro Toto Remón. ¿Caín 2.0? Los panameños deberían reabrir y resolver ese horrendo crimen. Ni millones ni limosnas, queremos justicia.
El autor es ingeniero en sistemas y telecomunicaciones.

