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ELECCIONES 2019

El desafío de Panamá: encontrar un líder que no solo sea honesto, sino competente

Pese a ser una de las expresiones democráticas más tardías de Europa, Portugal está dando últimamente de qué hablar. Marcelo Rebelo de Sousa, de 71 años, ganó en 2016 las elecciones con el 52% de los votos y un gasto de campaña menor de $200 mil, convirtiéndose en un fenómeno que deberían tomar en cuenta los candidatos presidenciales para las elecciones de mayo.

Después de dos años y medio de ejercicio del poder, Rebelo de Sousa mantiene un 71% de aceptación y solo un 7% de rechazo. Pese a estar inscrito en el partido Social Demócrata, no se dejó imponer la agenda partidista. Lo suyo es la sintonía con la calle. Habla directamente con la gente para entender cuál es el proceso que lleva la población. Después de ser el candidato de los afectos –comentó un analista político- sigue siendo el presidente de los afectos, porque no se escondió de los votantes en la Casa de Bragança, sede del gobierno. Comprende que la gente sabe que no puede solucionarles todos sus problemas, pero les habla con la verdad, y eso les basta. Se muestra sinceramente cercano a la gente. Es como uno de ellos.

Frente a la ola de populismo nacionalista que desde Europa ha invadido el continente americano, cada vez se multiplican más los que tratan de manipular los procesos democráticos como una maniobra táctica para llegar al poder por el poder mismo. Después vienen las sorpresas, los fiascos para el electorado.

Traslasdándonos a Panamá, el gobierno saliente -al que no le costó la democracia y que llegó al poder por una conspiración de los poderes fácticos para derrotar a un adversario que atentaba contra su supremacía económica, finaliza su mandato con un récord en el debilitamiento de las instituciones democráticas, con un país hastiado y desmotivado.

Esa cara de degradación democrática y descomposición institucional en que se ha sumido el país, es visible en la persecución de los adversarios políticos, en la coacción, la amenaza, la venganza y los ataques a la libertad de prensa. El retroceso democrático tiene el rostro del gobierno que se va. El que llega en julio, ¿qué rostro tendrá? Es una incógnita.

Por eso la urgencia de un liderazgo capaz de trabajar en favor de una sociedad moderada, integradora, reformista y moderna. La historiadora estadounidense Doris Kearns Goodwin, quien ha dedicado su vida a investigar la gestión de presidentes de su país ya fallecidos, concluyó que los grandes mandatarios no buscaron ser elegidos simplemente por el poder, la celebridad o la fama. “La razón de su ambición era conseguir algo suficientemente valioso en la vida para que pudieran hacer del mundo un lugar mejor por el hecho de haber vivido en él”. Elogió de esos gobernantes la integridad de su carácter y su fibra moral.

Panamá necesita un líder político genuino, que renuncie a lo superfluo y banal y rescate al país de la incertidumbre, frustración, pesimismo, desconfianza y la apatía en que está sumida la sociedad. Debe estar consciente de que, para bien o para mal, está llamado a convertirse en ejemplo nacional, porque sus atributos, o la falta de ellos, impactan en la vida de todos, influyen en el ánimo nacional y marcan el carácter del conjunto social.

Un coctel de avaricia y política no es la fórmula para sacar adelante una nación. Panamá demanda un liderazgo que sacrifique ambiciones personales por el bien del país. Que marque la diferencia entre poner por delante los intereses del partido, de su círculo de fieles o de los poderes fácticos que lo llevaron al poder. Aferrado a la gente, no podrá ser descarrillado.

El país no puede salir adelante con políticos corruptos pero, peor aún, incompetentes. No es cosa del pasado exigir catadura moral y decencia personal. Estudios recientes revelan que los votantes son atraídos por líderes que proyectan seguridad y capacidad para encarar los problemas nacionales con respuestas honestas, sencillas y fáciles de entender.

En lugar de alentar la polarización, como ha sido la práctica del gobierno saliente, quien asuma en julio próximo deberá moverse hacia el centro y la moderación, dar un giro hacia una verdadera democracia participativa, con leyes que no sean el eco de su voluntad, sino destinadas a proteger las libertades del ciudadano. Eso comprende poner fin a los actuales desequilibrios, amparar a los más débiles, favorecer el desarrollo de la forma más igualitaria posible y humanizar la economía de mercado. Un líder de ese talante es lo que busca Panamá.

El autor es periodista


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