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Desafíos hidroclimáticos de Panamá al 2050

El estudio de los efectos de un clima cambiante debido al calentamiento global es retador; aún más complejo resulta el análisis y la proyección de estos impactos sobre el recurso hídrico, verdadero oro azul de Panamá: el combustible que mueve el Canal de Panamá, la esencia de la agricultura y el pilar de la vida de cada panameño. Se estima que la temperatura en el área metropolitana ha aumentado alrededor de un grado centígrado desde 1970 hasta la actualidad, incrementando la sensibilidad térmica en toda la capital. Asimismo, las tormentas son cada vez más frecuentes y la vulnerabilidad de las cuencas hídricas panameñas aumenta, al tiempo que se incrementa el uso del agua para las necesidades básicas y productivas de una población en crecimiento. Este escenario configura una realidad en la que la seguridad hídrica deja de ser un tema meramente ambiental para convertirse en un asunto estructural de desarrollo, estabilidad social y sostenibilidad nacional.

De acuerdo con los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), para la región centroamericana —a la cual pertenece Panamá— se proyectan incrementos de temperatura que podrían oscilar entre 1°C y 2.5°C, según el escenario analizado. Estos aumentos tendrían repercusiones severas sobre el recurso hídrico del país, tanto en aguas superficiales como subterráneas.

Los retos hidroclimáticos que Panamá deberá enfrentar van más allá de preguntarse si lloverá lo suficiente en cada estación lluviosa durante los próximos 25 años o de cómo estos periodos se verán afectados por los fenómenos de El Niño y La Niña. Los desafíos se centran en proteger el agua como elemento vital y en cuantificar su productividad como recurso estratégico, retos que podrían afectar simultáneamente la economía, la seguridad social y la estabilidad territorial del país.

Con el aumento de las temperaturas y la variabilidad de las lluvias, Panamá corre el riesgo de enfrentar un déficit hidrológico: mayor evaporación, lluvias más concentradas, variaciones en la escorrentía, menor infiltración y menor recarga, es decir, menos agua útil. La combinación de lluvias intensas con drenajes obsoletos, extrema impermeabilización y eventos extremos recurrentes genera un escenario propicio para inundaciones masivas en ciudades como Panamá, Colón y La Chorrera. A su vez, la variabilidad de las lluvias, las altas temperaturas y el incremento de la evaporación hacen altamente vulnerable al sector agrícola, con pérdidas de cosechas que podrían derivar en crisis alimentarias latentes.

En los últimos años se ha sido testigo de hasta dónde puede escalar el fenómeno de El Niño, combinado con temporadas secas intensas dentro y fuera de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá. Si estas condiciones se repiten y se agravan por los efectos del calentamiento global, se pasaría de enfrentar eventos extremos ocasionales a eventos extremos crónicos.

En el esfuerzo por comprender el impacto del cambio climático sobre los recursos hídricos de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá, el Centro de Innovación, Investigación y Tecnología Hidroambiental (CITEC) implementa en dos de sus subcuencas —Gatuncillo y Tinajones— una herramienta para la generación de proyecciones hidroclimáticas, en colaboración con dos entidades francesas: la Compagnie Nationale du Rhône (CNR) y Blue Water Intelligence (BWI). Esta herramienta innovadora permite el monitoreo hidroclimático mediante la integración de observaciones en tiempo real, modelos de reducción de escala, corrección de sesgos y simulación hidrológica, con el fin de anticipar aportes, niveles y riesgos de sequías e inundaciones dentro de la cuenca.

Entre los principales retos de los próximos años se encuentra la protección de la esponja hidrológica de las cuencas, entendida como la capacidad natural de absorber y almacenar agua, liberarla durante las sequías, infiltrar y recargar acuíferos, frenar marejadas y la intrusión salina —en el caso de los manglares—, además de filtrar y depurar el agua y amortiguar crecidas. La deforestación, la urbanización, el cambio de uso del suelo y el calentamiento global afectan negativamente esta capacidad, de la cual dependen los caudales estables del Canal de Panamá, la recarga de acuíferos en el Arco Seco, la seguridad hídrica de las ciudades y la protección costera brindada por los manglares.

La unidad de cambio climático del Ministerio de Ambiente ha trabajado de forma sostenida durante la última década en la agenda climática del país. No obstante, este esfuerzo debe extenderse al resto de los ministerios, institutos y municipios. El desafío más complejo para Panamá es continuar operando con instituciones diseñadas para el clima del siglo XX, mientras se gobierna bajo las condiciones del siglo XXI. El país debe avanzar de los planes climáticos hacia una verdadera reforma hidroterritorial integral, capaz de responder a los desafíos presentes y futuros.

El autor es doctor en Recursos Hídricos y Cambio Climático.


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