El Día Internacional de la No Violencia se celebra todos los años en octubre, en honor al natalicio de Mohandas Karamchand Gandhi, mejor conocido como Mahatma (“Alma Grande”), líder del movimiento independentista de la India y propulsor de la filosofía de la no violencia. Mahatma Gandhi fue abogado, pensador, activista y uno de los grandes líderes políticos y espirituales del siglo XX. Inspiró a otros grandes líderes luchadores por la paz como Nelson Mandela y Martin Luther King, pero además es una fuente constante de inspiración para el movimiento global por los derechos humanos y la igualdad. Aunque sin querer simplificar, porque su legado para el mundo entero es gigante, el mayor logro de Gandhi se puede resumir en luchar contra la injusticia, de manera exitosa, a través de métodos no violentos, aun cuando una de las manifestaciones de esa injusticia era la violencia.
La no violencia, como la practicó y enseñó Gandhi, es a la vez una ideología y una estrategia que rechaza totalmente la violencia física para lograr transformaciones sociales. No es para nada una resistencia pasiva; es una resistencia activa, que incluye la desobediencia, pero no es violenta. Gandhi fue tan consistente y disciplinado en la lucha no violenta que en el año 1922 paralizó el movimiento de desobediencia civil, cuando murieron británicos en manos de manifestantes indios en la población de Chauri Chaura. Liderando con principios y ejemplo, Gandhi transformó para siempre el significado de la paz y la no violencia, así como la relación entre esos dos conceptos.
Gandhi nos enseñó que si la paz se obtiene por métodos violentos corre el riesgo de ser solo temporal, porque el mal causado por la violencia es permanente. A la vez, nos enseñó que la paz es mucho más que la ausencia de violencia y conflictos; es además la presencia de una cultura con valores que promuevan la dignidad humana y los derechos humanos. Debemos verlo como un proceso positivo, que está obligatoriamente ligado a la justicia, la democracia y el desarrollo.
¿Pero cómo se mide la paz? La cuantificación de la paz es, por supuesto, un reto complejo, pero eso intenta hacer el Índice Global de la Paz, producido por el Instituto para la Economía y la Paz en Australia, el cual mide el nivel de paz en 163 Estados y territorios. En Panamá, la perspectiva es algo más alentadora que la mayoría de los países; según el índice de este año, Panamá ocupa la posición 50 en el mundo y la cuarta en Latinoamérica, después de Chile (28), Uruguay (37) y Costa Rica (40).
Sin embargo, esta medición, más allá de proporcionar una clasificación de países en función a sus niveles de paz, deja claro que para entender el progreso global hacia la paz, así como los retos relacionados, no se puede considerar exclusivamente la ausencia de conflicto armado o de violencia generalizada. Por ejemplo, considera el gasto público en seguridad, la delincuencia, los niveles de encarcelamiento, la militarización y el número de policías y otros agentes de seguridad per cápita. Como bien señala el índice, altos niveles de gasto en seguridad o de encarcelamiento pueden llevar a una reducción temporal de la violencia pero para nada indican progreso concreto hacia mayores niveles de paz. Asimismo, el índice enfatiza la importancia de la paz positiva, que es diferente a la paz negativa (ausencia de violencia) y se refiere a las actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades pacíficas. Menos corrupción, mayor capital humano, circulación libre de información y el respeto a los derechos de los demás están entre los factores que, según el Índice, contribuyen a aumentar los niveles de paz de manera sostenible.
Tras casi 150 años del natalicio de Gandhi (que se cumplen el próximo año, pero que se ha empezado a celebrar desde este mes de octubre en diferentes partes del mundo), el mundo se ha transformado profundamente en algunos aspectos y en otros no. La paz sigue siendo un ideal que, a diferencia de lo practicado por Gandhi, muchas veces se busca de forma violenta. Y a la vez nos equivocamos al pensar que la ausencia de violencia es suficiente para que haya paz. Para tener sociedades pacíficas necesitamos fortalecer la institucionalidad, la educación, la equidad, la justicia. Como lo reconoce la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, no puede haber desarrollo sostenible sin paz y no puede haber paz sin desarrollo sostenible.
La autora es directora de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana.

