Los fans de “Starwars” conocemos el principio de la orden de los “Sith Lords” (los más malos después de Darth Vader). El principio, conocido como el Sistema Banite, establece que siempre habrá dos Siths, el maestro y el aprendiz, y que, para conjurar la maldad, los caballeros Jedi deben matar a ambos. Curiosamente, en nuestra campiña se dice que las víboras, andan en pares y que no cesa el peligro mientras no acabemos con las dos.
Como pasajero del Titanic, observo cómo, la rebelión del pasaje, se ha convertido en un monólogo intermitente, interminable e infectivo. Lo único constructivo en ese intercambio, pseudo católico y pseudo marxista, es el descubrimiento de la extensión de los “oligopolios” en muchas actividades comerciales. Ahora, el discurso es contra los “amiguetes” y demonizan los resultados de esos arreglos del mercado. Pero ni de cerca, han puesto el dedo en el origen de esta colusión: el gobierno. Como los Sith y las víboras, el uno no existe sin el otro. El mal viene en parejas.
Empecemos por las medicinas. El oligopolio comercial no sería posible sin la ineficiencia y la alcahuetería de las autoridades que regulan la importación y el consumo. Allí, está el freno a la oferta y de allí los precios altos. Una selva de requisitos y una burocracia inepta y mal acostumbrada al “salve” y al favor, no favorece a nadie, pero protege a los que ya están adentro. Esta realidad, con el tiempo se ha decantado en 4 o 5 importadores. Además, esa barrera de estupideces, hace casi imposible la introducción de nuevos medicamentos y el crecimiento de nuevos y pequeños importadores.
De la mesa han salido soluciones de dudosa efectividad, que deben replantearse. Mientras, me atrevo a cogerle una apuesta al Ejecutivo: pruebe presidente, con dejar las reglas como están, pero resuelva los trámites y papeles en 15 días, sin excepción ni dilación. Acabe con el “chorro de billetes” como lo llamó en su twiter, un experto en la materia, Ricardo Martinelli Berrocal. Le aseguro, que en pocas semanas veremos una expansión de la oferta y mejores precios. Y entonces, repensemos una mejor legislación liberadora, alejada del tercermundismo.
Las importaciones de alimentos están calcadas en la de medicamentos. Pocos importadores, con pulmón y chequera para aguantar la asfixiante carga burocracia, “administran” la oferta y los precios. Pero eso es posible otra vez, por la fricción burocrática que tolera el gobierno e impide que haya nuevos productos y nuevos importadores. Igual que en medicinas, empiecen por ser efectivos, eficientes y honrados.
Pero la epopeya de los dos Sith, apenas empieza. Que tal el oligopolio Capac – Suntracs (Maestro y aprendiz, que pronto matará al maestro) bendecido por el Ministerio de Trabajo, que se pasa por debajo los principios de libertad sindical. Esta colusión, de nuevo imposible sin el consentimiento del ejecutivo, hace la construcción cada vez más cara y donde el gobierno, para mitigar el costo de este amancebamiento, riega millones en subsidios a los bancos, para que el pobre pueda financiar una casa.
Pero mi Sith favorito, (parte de la trilogía del mal del sector construcción), es el honorable cuerpo de bomberos. La oficina de seguridad se ha convertido en una barrera a la construcción y el emprendedurismo del país. Los que están conectados van bien, los otros sufren y muchos mueren. Me atrevo asegurar que una de las causas más importantes de abandono de pequeños negocios en el país, desde lavanderías a fondas, es la mano corrupta y mortal de los bomberos. ¿Quiere una solución presidente? Licite los servicios técnicos con varias compañías y que compitan. Y el otorgamiento de los permisos que quede en los municipios. Y los bomberos, a marchar.
Esta segunda entrega desde el Titanic, no da para detallar todos los oligopolios gobierno-amiguetes, pero son la regla no la excepción. Espero haber aclarado dos cosas. Una, que la única forma de bajar precios es aumentando los oferentes. Y dos, que el oligopolio no es el conjunto de privados. Los aprendices necesitan al Sith gobierno (Darth Bane). Por mucho que se alegue colusión entre los proveedores, nada pasa sin la iniciativa y la aprobación de los gobiernos, que poseen, por Constitución, el monopolio de las reglas, los permisos, las resoluciones y ultimadamente, de qué nidos sacan las víboras que corren las instituciones.
Unas líneas más para meditar. ¿No es nuestro sistema político una réplica del modelo oligopólico comercial donde el gobierno pone reglas que, solo algunos, que ya existen, puedan dividirse el poder, pero que son casi imposibles de cumplir para los que están fuera de la papa? ¿No se comprueba aquí también la regla de las dos víboras?
El autor es director de la Fundación Libertad
