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Desde el Titanic: verdades sobre la reforma pensional

Por meses se han vertido hectolitros de tinta y saliva para explicar, apoyar, rechazar o desprestigiar las diferentes posturas, de izquierda y derecha, sobre qué debe hacerse para salvar el régimen de pensiones del Seguro Social. Aquí, en el Titanic, esperando el tanganazo contra el témpano, trato de resumir ordenada y objetivamente, los argumentos y mensajes que se han esgrimido, y ponderar su relevancia o veracidad en el debate. Veamos.

Reforma, sin ajustes, una quimera. El problema central del Sistema Exclusivo de Beneficio Definido (SEBD), es que las cotizaciones de los asegurados, el monto, por el tiempo que las hacen, más el rendimiento de las inversiones son mucho menores, que el beneficio que reciben los que se jubilan. No importa, si el sistema computa beneficios en relación a los salarios o en relación a las inversiones, si no cotizamos más, en monto y por mayor número de años, los números seguirán en rojo. Simplemente no podemos sostener un sistema así.

Del Su-Su, a la pirámide de Ponzi. El polvo de hadas que parece mantener la ilusión de un sistema sin ajustes, es la idea de que todos ayudan a uno y uno ayuda a todos. En palabras de un dirigente sindical, el sistema es como el juego popular del Su-Su. Nada más que, en el Su-Su, todos ponen lo mismo y en el tiempo todos se llevan lo mismo. En el SEBD, todos ponen lo mismo pero los de adelante se llevan más de los que siguen aportando. Además, cuando juegan menos en el Su-Su se recibe menos. Pero en el IVM no. Reciben lo mismo y hasta más. Y esa plata que se llevan, no viene de sus compañeros de juego, sino de los nuevos jugadores que a la vez piensan que alguien más pondrá por ellos.

El esquema es intrínsicamente perverso, y lo agrava el mejoramiento de la expectativa de vida de la población, y la reducción de población joven que aporte a la pirámide. Cada día hay menos aportantes y los que están jugando, viven tantos o más años que antes y cobran muchas veces más de lo que pusieron.

No hay rendimiento que valga. Otro tema que se demoniza con frecuencia es el monto y los rendimientos de las inversiones. Se afirma que buena parte de los recursos del programa de pensiones, se han dilapidado. Las acusaciones de que la mora y los supuestos robos dan al traste con los rendimientos, no se reflejan en las cuentas del Seguro Social, ni hay tal mora ni tales robos.

Pero, aún si los hubiera, la recuperación de estos míticos dineros, son apenas una fracción del hueco previsional. ¡Si en verdad habláramos de $1,300 millones como sugiere la cifra de un veterano profesor, esa cifra es apenas 7 meses de jubilaciones actuales, que rondan los 180 millones al mes!”

Es cierto que el manejo de las inversiones podría ser mejor. Pero para que las inversiones compensen la falta de cuotas y años de cotización que caracteriza el sistema, el retorno rondaría 10.5% anual, una cifra astronómica, si se observan los parámetros de riesgo y prudencia que deben tener las inversiones pensionales.

Otra vez, por ahí no va la cosa.

No son reservas, es la plata de otros. Un tema que confunde y disimula la magnitud del problema, es el uso incorrecto de la palabra “reserva” en las cuentas del programa. Comúnmente se entiende como reserva, un apartado o cuenta de emergencia para hacer frente a eventualidades. Pero en este contexto es la acumulación de las obligaciones que tiene el programa. Más claro, son las cotizaciones que la población asegurada ha confiado al sistema, con sus retornos a la fecha.

O sea, cuando nos comemos las reservas nos estamos parrandeando el dinero de los que vienen atrás. Por eso el hueco es tan relevante. El sistema pierde y cada día le debe más o los que de buena fe han venido poniendo y esperando el día de su jubilación. ¡Muy heavy!

Quitarles a los necesitados para darle a los menos ricos, ¿de verdad? Todas las propuestas que rechazan los ajustes y que rechazan abandonar la subsidiada pirámide, acaban solicitando la transferencia de rentas del Estado al programa de IVM. Sin sutilezas ni penas exigen que el gobierno subsidie el creciente hueco y todo mundo cobre lo mismo y cotice lo mismo.

Aquí hay dos preguntas. ¿Debe un gobierno que se debe a todos, y en particular a sacar adelante los más débiles y necesitados, usar ese dinero para que un trabajador activo y sano, no tenga que ahorrar más para encarar su futura pensión? ¿Debe el país, destinar cifras enormes y crecientes, que van a pesar mucho en su desempeño futuro, para sostener un sistema de pensiones inviable, insolvente y encima regresivo?

Reflexionemos y actuemos.

El autor es director de la Fundación Libertad.


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