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¿Desfile folclórico o despliegue gubernamental?

El pasado 11 de enero se celebró en la Ciudad de Las Tablas el anual Desfile de Las Mil Polleras, para el cual sus participantes invierten meses de preparación. Sin embargo, es ya por todos conocida la decepción generalizada que ha generado el Desfile de las Mil Polleras 2025 debido a su desatinada organización.

Si bien al llegar a la Ciudad de Las Tablas se veía a los artesanos reunidos en una sola área, lo que daba la impresión de que todo marcharía sobre ruedas, el día del desfile llegó el desengaño. En primer lugar, hubo que esperar casi una hora para que iniciara el evento. Luego, presenciamos un despliegue ministerial donde las delegaciones competían por lucirse ante el palco presidencial, lo que ralentizó el desfile al punto de parecer una parada militar. Muchas de estas delegaciones usaron carros altos para transportar orquestas típicas a todo volumen, y entre daños mecánicos y problemas con el tendido eléctrico, causaron estragos en la fluidez del evento.

Aunque varias instituciones cuentan con lucidos conjuntos típicos, lo que menos figuró fue el folclore. En cambio, se alteró el orden del desfile para priorizar a las delegaciones ministeriales sobre las tradicionales. Esto provocó que algunas tunas tuvieran que esperar más de cinco horas para participar o, peor aún, cancelar su presentación, pese a estar en el sitio.

Es por eso que me motiva escribir este artículo. Luego de leer en un diario digital que más de 125 carros oficiales fueron multados por irregularidades en sus papeles (sin mencionar que con nuestros impuestos se sufragó la participación de estos ministerios), surge una pregunta: ¿el Desfile de las Mil Polleras es realmente un desfile folclórico o un desfile para que el gobierno se luzca?

Volvamos al punto inicial: ¿conocen las autoridades de cultura y turismo lo que implica, para una ciudadana o ciudadano común, participar en una delegación en el Desfile de las Mil Polleras? Después de adquirir el atavío completo (muchas personas mandan a confeccionar su indumentaria), organizar hospedaje, agendar a alguien para el arreglo personal, movilizarse a Las Tablas, etc., resulta que la mala organización gubernamental deja a las delegaciones literalmente “vestidas y alborotadas”, sin poder participar.

Al final, solo me queda decir: ¡qué manera de estropear una actividad que se había convertido en un emblema nacional! No es coherente promover nuestras raíces y el conocimiento artesanal si luego se deja plantadas a las personas que invierten tiempo y dinero para asistir al desfile.

Espero que las autoridades realicen un examen profundo de las fortalezas y debilidades de la organización de este año, para que el Desfile de las Mil Polleras no decaiga. De lo contrario, la península de Azuero y los artesanos de todo el país podrían perder las entradas económicas que esta actividad les genera.

La autora asistió al evento de Las Mil Polleras.


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