PATRIMONIO

El destino de los museos y sitios históricos en Panamá

En un muro restaurado detrás del cual susurra el océano Pacífico y ubicada en la conocida plaza de Francia, se encuentra pegada una placa de bronce opaco que indica el sitio donde fue fusilado, producto de una conspiración política, el general Victoriano Lorenzo. El lugar es visitado por turistas y conocedores de historia panameña, pero por muy pocas escuelas, cuyos estudiantes en su mayoría desconocen la profundidad del impacto que tuvo la figura del líder campesino cuya imagen era menester opacar por la clase dominante que no podía correr riesgo ante un levantamiento popular.

Apenas unas decenas de metros antes de llegar a San Felipe, en la plaza 5 de Mayo, se encuentra la estructura que en un tiempo fue la estación del ferrocarril de Panamá y que albergó al Museo del Hombre Panameño, que exponía piezas de arte precolombino panameño de gran valor para nuestra historia y que fue saqueado durante la invasión de Estados Unidos a Panamá, y cuyas reliquias de oro jamás se pudieron recuperar. Tampoco se sabe cuál fue el destino de los platos y jarrones policromos que confeccionaran nuestros aborígenes hace más de mil años.

En el corazón de Calidonia también se encuentran dos museos de gran valor para nuestra historia y que se han venido deteriorando quizá de forma intencional por culpa de la desidia de algunos gobiernos de turno que le han restado importancia a estos sitios de exposición. En una época, el Museo de Ciencias Naturales, de estructura semicolonial majestuosa, era el punto referente de muchas excursiones escolares que hacían un alto en la rutina académica de claustro para dar paso al maravilloso mundo de la exploración científica. Hoy día, dicho museo permanece en estado “catatónico”, con una cadena en la cual un letrero informa a los transeúntes que se encuentra cerrado por reparación. Una reparación que data de años.

Igual suerte ha corrido el museo de los Archivos Nacionales, ubicado al pie de la avenida Perú y frente a la Lotería Nacional. Esta estructura también colosal ha guardado por décadas documentos de gran valor para nuestra historia nacional. En la misma se han archivado cartas, manifiestos, acuerdos, etc.. redactados por personajes de principios de la era republicana. Para los años 80, si la memoria no me falla, las autoridades de este museo firmaron un acuerdo con la Universidad de Panamá para que los estudiantes de la Facultad de Humanidades (Escuela de Geografía e Historia) trabajaran sus tesis de grado ordenando todos los documentos que estaban diseminados y traspapelados en este lugar. Fue un trabajo bastante largo, pero en ese lapso muchos estudiantes sustentaron sus tesis de graduación teniendo como base esta necesidad. ¿Dónde ha ido a parar todo este esfuerzo?¿Cuántos en Panamá conocen lo que hay dentro de las estructuras de los Archivos Nacionales? Este edificio también ha sido objeto de cierre por múltiples razones, que van desde la fumigación hasta la reparación.

Ni que hablar de los museos que están ubicados en diferentes provincias. Se han convertido en verdaderos depósitos de cosas inservibles. Muchos en nuestro país desconocen que un museo es una institución que se dedica a la adquisición, conservación, estudio y exposición de objetos de valor relacionados con la ciencia y el arte o de piezas culturalmente importantes para armar el rompecabezas de nuestro origen como Nación.

Evidentemente que los museos pueden ser públicos o privados. En el caso de Panamá, la mayoría de los museos ha estado bajo la administración del Instituto Nacional de Cultura (INAC), que dicho sea de paso es una de las instituciones que menos presupuesto recibe, como si la cultura y el arte en Panamá fueran un asunto secundario o terciario.

No es casual que todo lo que resalta el aprendizaje de nuestra historia sea menospreciado por las élites de poder económico y político que miran más rentable todo lo que genera plata de forma rápida ( carnavales, espectáculos artísticos, ferias comerciales etc..). Si la cultura, el arte y la historia no lo son, pues así serán tratadas por nuestros gobiernos. Tampoco es casual que una ministra de Educación intentó eliminar materias humanísticas e históricas en el gobierno de Ricardo Martinelli siguiendo estos patrones de “esquemas de país comercial y “abierto al mundo”, donde lo que no genera plata pierde importancia, como nuestra cultura precisamente.

El autor es sociólogo y docente panameño

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