“La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse o erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia”, Nelson Mandela
Con estas palabras tan acertadas de quien estuvo preso por 27 años y que ejerció como abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo, quiero hacer una evaluación de la sociedad panameña actual.
Nuestra sociedad está en crisis y lo podemos escuchar por todos lados, en las redes sociales, en los noticieros y en los programas de opinión cada día. ¿Cuáles son los factores que están deteriorando a nuestra sociedad? He podido identificar cinco fenómenos a los que debemos prestarle total atención si queremos reorientar a nuestra sociedad.
Primero, la ignorancia, que está haciendo que las poblaciones a nivel general crean en su propia impotencia, indolencia, desesperanza y timidez, y les impide manifestar su descontento ante la clase gobernante, que día a día nos hace creer que la pobreza es algo natural y que a través de la caridad se compra la conciencia.
Segundo, las enfermedades (VIH, cáncer, diabetes y otras), que dentro de nuestras comunidades están afectando a gran parte de la población. Cuando una comunidad tiene una alta tasa de enfermedad, la productividad baja y se genera menos riqueza. Estar bien no solo ayuda a los individuos que están sanos, sino que contribuye a la erradicación de la pobreza en el país.
Tercero, la apatía aparece cuando la gente pierde interés, o cuando se siente tan incapaz que no hace lo posible para cambiar la situación, ni trata de corregir lo que va mal, o mejorar sus condiciones de vida. Muchas veces, la apatía se justifica con preceptos religiosos, “acepto lo que hay, porque Dios ha decidido así” y olvidamos que hemos sido creados con muchas capacidades, como la de elegir, cooperar, organizar y mejorar nuestra calidad de vida; no podemos utilizar a Dios como excusa para no hacer nada.
Cuarto, la corrupción es uno de los factores más importantes de la pobreza. Cuando hablamos de corrupción no solo podemos señalar a los políticos. La corrupción es consecuencia de la falta de valores éticos y morales que tiene nuestra sociedad. Si un funcionario público es corrupto porque malversa fondos del Estado, también es corrupta aquella persona que no paga el pasaje de autobús. La corrupción, como problema social, es una herida profunda que contagia cada dimensión de la cultura y de la sociedad.
Quinto, la dependencia es el resultado de ser el extremo receptor de la caridad, lo que en este país con bonitas palabras le llamamos subsidios. La caridad o los subsidios pueden ser esenciales para la supervivencia, pero a largo plazo, puede contribuir a la posible desaparición del receptor, y ciertamente a la continuación de su eterna pobreza.
En conclusión, no podemos esperar que los gobernantes solucionen todos nuestros problemas, nosotros tenemos que cambiar nuestra pobreza mental y espiritual y comprometernos a luchar contra los fenómenos de la pobreza. Además, debemos convertirnos en agentes multiplicadores e involucrar a nuestra juventud para que pueda asimilar las buenas acciones y repetirlas en su diario vivir.
El autor es diplomático de carrera