Desde 2008, cada 15 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Democracia, establecido por una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007, afirmando que la democracia es un valor universal basado en la voluntad libremente expresada de los pueblos para determinar su propio sistema político, económico, social y cultural, y en su participación plena en todos los aspectos de su vida.
La democracia es un sistema de gobierno en el que el poder emana del pueblo, de los habitantes de un territorio, quienes participan en la toma de decisiones gubernamentales a través del voto directo o mediante representantes elegidos.
La palabra “democracia” proviene de los términos griegos demos (pueblo) y kratos (gobierno), representando un concepto tanto antiguo como contemporáneo. Desde sus inicios, filósofos como Platón cuestionaron la estabilidad y eficacia de la democracia, temiendo que esta pudiera degenerar en un camino hacia la tiranía si no se manejaba adecuadamente, convirtiéndose en demagogia. Platón prefería un sistema aristocrático gobernado por “filósofos-reyes” con conocimientos superiores. ¿Serían nuestros actuales “filósofos” los consultores? ¿Nuestros “clarividentes” científicos con evidencia empírica? ¿Nuestros politólogos?
No obstante, aunque Aristóteles y Platón discutieron sobre la democracia hace siglos —Platón con escepticismo y Aristóteles reconociendo su potencial si se administraba correctamente— la idea de una democracia moderna no se consolidó ni materializó hasta los siglos XVIII y XIX, alcanzando su plena madurez en el siglo XX, cuando el sufragio se volvió universal en los países que lo adoptaron, sin discriminación de color de piel, ingresos o género.
En la democracia moderna, el poder proviene de los habitantes y se delega a representantes electos. La soberanía popular implica que todo poder legítimo emana del pueblo, no de fuentes divinas, asesores, chamanes, sectas científicas, adivinos, clarividentes o monarcas. Esta idea se vincula al llamado “contrato social”, abordado por diferentes autores a lo largo del tiempo. En este acuerdo, la gente acepta ser gobernada a cambio de que sus líderes salvaguarden su seguridad, libertad y propiedades. En caso de abuso de poder, la población tiene el derecho de rebelarse.
Filósofos como Jeremy Bentham, en el siglo XIX, sostenían que las acciones gubernamentales deben buscar el mayor bien para el mayor número: la democracia es un medio para la participación y expresión de la voluntad de la mayoría, evitando la tiranía de una minoría poderosa.
La percepción de la democracia ha cambiado a lo largo de la historia. A veces, la democracia se aleja de sus principios y requisitos para ser real, pero la barrera que muchos desean cruzar al despreciarla es la de marginar la legitimidad del ciudadano como actor principal de la política. Decidir el tipo de pilar para financiar las jubilaciones o la forma de unificar los sistemas de salud es hacer política.
Esperemos que la clase media ejerza su rol constructivo democrático para rescatar el programa de invalidez, vejez y muerte de la seguridad social. Esperemos que los “intelectuales”, asesores reciclados y consultores de riesgo no desprecien la débil democracia panameña post-Noriegato, y no la cambien por la tiranía de la minoría.
¡Feliz Día Internacional de la Democracia! Esperemos que, ante el rescate de los fondos de jubilaciones, salgamos triunfadores con una república más sana y aún más democrática.
El autor es cirujano sub especialista
