Pasada la tempestad debe reinar la calma. Y es en estos momentos en que la administración de la Autoridad del Canal de Panamá y la Unión de Capitanes deben iniciar un diálogo, sin remolque, para poner fin a un diferendo que causó un “retraso” en el itinerario en algunos tránsitos a través de la vía acuática, generando una nueva brecha en su relación y enviando un pésimo mensaje sobre la confiabilidad de las operaciones del Canal y su neutralidad al mundo marítimo.
Aunque los motivos del conflicto surgen a cuentagotas, no cabe duda de que ambas partes tienen que anteponer intereses mezquinos y velar para que la empresa más importante de todos los panameños -que este año aportará al Tesoro Nacional mil 650 millones de dólares- sea llevada por aguas tranquilas y a puerto seguro.
La administración del Canal de Panamá defiende su argumento para la eliminación de un tercer marino en la operación de los remolcadores, el cual fue asignado de forma temporal tras la apertura de la operación del tercer juego de esclusas, hace casi dos años. El reglamento establece que solo dos serían necesarios y es claro que se busca mayor eficiencia en su operatividad.
De la otra orilla, los representantes del gremio de capitanes advierten de una irregularidad en la forma en la que los administrativos de la Autoridad del Canal de Panamá informaron de la medida, “sin tomar en cuenta los riesgos y accidentes que se pueden ocasionar al reducir la seguridad en las maniobras. Además, señalan que los reglamentos de la Autoridad del Canal de Panamá establecen que un trabajador puede negarse a cumplir una orden cuando se ponga en peligro la seguridad de las personas o bienes, en este caso, el mismo Canal.
Tras más de 20 años ligado a operaciones a bordo de naves, inspección y certificación de construcción de buques, inspecciones de seguridad e investigaciones de accidentes, puedo alertar que en temas de seguridad no se deben escatimar recursos, ya que un error en la operatividad puede ocasionar daños al medioambiente, pérdida de dinero y, en el peor de los casos, vidas humanas.
Está claro que ambas partes coinciden en la necesidad de que el Canal de Panamá sea eficiente, seguro y que el propósito del tránsito de buques sea lo más competitivo posible. Por ello, no pueden perder la brújula. Velen por el bienestar del proyecto Canal y sigan haciéndonos más orgullosos a los panameños con un manejo confiable de este bien de todos.
Tras lo sucedido hace dos semanas, la Autoridad del Canal de Panamá ha iniciado un proceso para sancionar a los trabajadores involucrados, quienes a su vez anunciaron que se defenderán legalmente. Esto es normal en el manejo serio de una empresa. Sin embargo, lo que el país demanda es que administración y trabajadores dialoguen para evitar que estos “retrasos voluntarios” de buques por el Canal vuelvan a repetirse. Ese es su principal reto.
El autor es ingeniero naval