La indiferencia viene de la mano con el desconocimiento, y es que al valor universal excepcional no le falta retribución, pues nos hemos empecinado que ciudades históricas deben ser sinónimo de rumbas, jolgorios y propuestas foráneas.
La puesta en valor de este conjunto monumental, designación del hecho, que dio origen a la categoría de patrimonio de la humanidad el 7 de diciembre de 1997, fue la de catalogar las 30 hectáreas con que cuentan dos corregimientos de la capital y encontrar una ruta que pudiera enaltecer las aportaciones que, como ciudad, transformó el destino de nuestra República.
Sin estos conceptos, promulgados en la Carta de Venecia de 1964, no hubiésemos coincidido todos los que de una u otra manera, desde finales de los años 1990, aportamos a las posibles soluciones para el rescate del Casco Antiguo y así valorar los hechos para una mejor comprensión.
Con gracia, veo a “comerciantes”, agrupados en una asociación (figura reinventada), solicitar y exigir estacionamientos, recolección de desechos y cuanta cosa se proponga a fin de llenar sus expectativas, para el mejor logro de su inversión, pero, ¿acaso no han leído las leyes que rigen el patrimonio histórico desde 1976, las cuales presentaban algunas debilidades, pero clara en sus intenciones, dictaminando el uso de sus edificaciones y comprometiéndose, bien entrado el año 2000, a regulaciones de uso de suelo y de incentivos para su recuperación? No puede exigirse si no ejemplarizamos el principio de valor universal y tampoco sugerir que San Felipe (no el Casco) es y debe ser un centro de distribución de licor en cada esquina, amén que la ciudad no fue planificada para ese fin y debe ser aceptada como una ciudad de hechos y situaciones que de manera significativa aportó al engrandecimiento de la nueva Panamá.
Es evidente que la recuperación de las edificaciones en este sector conlleva una serie de gastos altísimos y con muchos protocolos, lo cual deben cumplirse de rigor y acatar las normativas vigentes en cuanto a la categoría de cada inmueble, pero no da derecho a utilizar espacios comerciales, que inician como recintos sociales y termina siendo un centro de expendio de licor, promoviendo en el área el desconcierto y convivencia que riñen con las buenas costumbres.
El problema que hoy nos ocupa es producto de las malas administraciones de los últimos siete años que no han valorado los atributos por los cuales fuimos designados como patrimonio mundial y que no responden a planes y lineamientos que enaltecen los valores universales que dan mérito para que Panamá sea parte de ese itinerario y punto de referencia de nuestra América.
Queda a la Oficina del Casco Antiguo (OCA), al Instituto Nacional de Cultura (INAC) y la Autoridad de Turismo (ATP) establecer la dinámica para la información de nuestro Casco Antiguo a través de quioscos de información, seminarios, charlas y conferencias, para todo el personal de las instituciones, inversionistas, comerciantes y artesanos a fin de poder concebir el principio de ciudad patrimonial y respetar los preceptos que rigen el patrimonio de la humanidad.
El autor es diseñador