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INCOMPRENSIÓN

Más días de ira

Ira es conjunción de sentimientos negativos que genera enojo e indignación. La ira produce furia y violencia.

Crea enojo e indignación  que no sepamos qué ocurrió con Vernon Ramos. Más grave aún, que hoy día su familia sea públicamente amenazada. Por el caso de Financial Pacific están detenidos West Valdés e Ignacio Fábrega. Sospecho que esos dos, junto con Salomón Shamah, forman un triángulo conocedor de qué le aconteció a Vernon Ramos.

Otra causa de ira nacional es la  permanencia en la junta directiva del Canal de tres directores señalados por tribunales de actos delictivos. Dos están prófugos y uno permanece en la ciudad, y asiste a reuniones de la junta directiva como si nada pasara. En septiembre de 2019 se  le vence el periodo al actual administrador de la Autoridad del Canal de Panamá. El actual gobierno por vergüenza debe reemplazar a los tres antes mencionados. Como es habitual, el Ejecutivo esperará a última hora para reemplazarlos, y así maniobrar para alzarse con el nombramiento del nuevo administrador, nombrando a miembros de su círculo político. Prudente recordar que para septiembre de 2019 el nuevo presidente tendrá escasamente dos meses de haber tomado posesión, sugerimos que los partidos tomen nota de esta realidad y la incluyan en sus campañas, tomando en consideración este vital nombramiento.

A pesar de que existen varios detenidos por corrupción generalizada en el gobierno de Ricardo Martinelli, y que reconocemos  el esfuerzo que hace el Ministerio Público por recabar información pertinente para juzgar a los involucrados, persiste en la opinión pública que no se dice e investiga todo, y que se oculta mucho. Las denuncias públicas de Fonseca Mora, solicitando que lo partiera un rayo si mentía al señalar que el presidente le comentó que había recibido fondos de Odebrecht; las declaraciones del Dr. Lasso, confirmando lo citado por Fonseca Mora, y finalmente el involucramiento de Carlos Duboy y del hermano del presidente en la recepción de fondos de cuentas bancarias de Odebrecht, enrarece el ambiente, siembra dudas sobre si el Ministerio Público conocía de antemano estos hechos, y más grave aún, genera enojo e indignación.

El 24 de junio de 2014 publiqué en  La Prensa un  artículo que cuestionaba la ratificación de Roberto Roy como secretario del Metro. En esa fecha advertía que ante los crecientes problemas de Odebrecht en Brasil, si estos conflictos llegaban a tierras istmeñas, cómo haría el recién inaugurado gobierno de Juan Carlos Varela para justificar o defender los entuertos que surgirían, pero el Gobierno no escuchó, y los ratificados y las contrataciones siguieron su curso. Entonces, ya con más harina cernida, comenzamos a sospechar de la ratificación de Roberto Roy, hoy día vivimos las consecuencias de este acto de “más de lo mismo”. La frustración y la ira son hermanas de sangre.

En mesa tenemos servida la  intención del Ejecutivo de nombrar a dos ciudadanas abogadas como nuevos miembros de la honorable Corte Suprema de Justicia. Estas damas son censuradas por la mayoría de la población pensante. El único responsable del rechazo al nombramiento de las damas en cuestión es el Ejecutivo, por la forma inconsulta y antidemocrática en la que tomó su particularísima decisión de imponer sus nombramientos.

El brazo político del Ejecutivo en la Asamblea maniobra para lograr votos que confirmarían la designación del Ejecutivo. Del resultado no habrá ganadores, si el tuercebrazos del Ejecutivo logra su propósito, los diputados de los partidos de oposición serán víctimas del escarnio público por votar en contra de la decisión mayoritaria de los directivos del partido, y nadie creerá que no se vendieron a cambio de alguna prebenda.

Las magistradas elegidas en estas circunstancias también cargarán de por vida con la sospecha de que fueron elegidas por maletinazos, prebendas y otras cositas malas todas. El Ejecutivo también perderá, añadiendo una mancha más a su maltrecha aureola de impoluto, porque nadie creerá que lograron “convencer” a los diputados de oposición, solo “conversando”. Todos sospecharemos que hubo más de lo mismo, que nada ha cambiado, solo que algunos actores son diferentes.

Causa de ira lo constituye el hecho de la falta de defensa de nuestra soberanía ante el embajador que asume atribuciones que no le corresponden; listas negras a las que no les respondemos con la energía oportuna y necesaria; a países que nos bloquean exportaciones, y nuestros gobernantes, a pesar de fallos de la OMC a favor nuestro, no toman acciones defensivas; el no exigirle a la Interpol que detenga al Chichi De Obarrio en Londres, o a los hijos de Martinelli que viven en Miami.

Pareciese que en nuestro país hay un pacto con el crimen. Aquí conviven políticos que son comediantes, y comediantes que son políticos. Hay exceso de enojo e indignación, eso es ira.

Así lo percibo, así lo escribo.

El autor es analista político


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