Las tantas veces que leo o escucho por los distintos medios que vivimos en un Estado de derecho, lo encuentro sumamente contradictorio cuando pienso en los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, todos sumamente cuestionables, por decir lo menos.
En los inicios de mis estudios de derecho escuché con mucha atención al ilustre catedrático doctor César Quintero, exponer sobre qué se puede considerar un verdadero Estado de derecho.
Los partidos políticos, salvo excepción de algunos, tienen dueños que son el poder económico que ha imperado en este país desde los inicios de nuestra separación de la hermana República de Colombia. Urge que quienes estudian periodismo se ilustren sobre lo que es una verdadera democracia, y la nuestra no lo ha sido ni lo es en la actualidad, ya que en el sentido que expreso nuestro país tendría primero que contar con verdaderos partidos que no tuvieran dueño, y que el único dueño fuera el mismo pueblo.
Al momento en que se inscriban los partidos, y luego ya declarados legalmente como existentes, los adherentes deben convertirse en agentes activos de la democracia. La mayoría son engañados con muchas promesas que luego en el poder no se les van a cumplir.
Lo que sigue es la misma campaña electoral que estamos observando en estos días en el trayecto hacia las elecciones del 5 de mayo, en la que habrá electores que caen en el engaño y venderán su conciencia a cambio de dinero o cualquier otro regalo. Aquellos con otro criterio tomarán el dinero o los regalos el día de las elecciones, como me lo ha dicho una señora que irá con su opinión independiente a las urnas y no se dejará influir porque haya recibido dinero o regalos. Ese comportamiento que me ha expresado dicha señora ojalá se multiplique, para que todos aquellos candidatos acostumbrados a llegar al poder con su dinero reciban entonces un verdadero voto de castigo.
Como digo al comienzo de esta crónica, no me equivoco al afirmar que vivimos una democracia discapacitada, y, ¿por qué?, porque todos los poderes del Estado, como podemos constatar, tienen funcionarios corruptos, y otros incapaces y que se desempeñan negligentemente, sin la habilidad de percibir o atender los principales problemas de la sociedad panameña, como son el tema de la falta de medicamentos, la falta de insumos en los asilos de ancianos que ni siquiera cuentan con pañales, y el desafío de un Órgano Judicial ineficaz, aquejado por los mismos males que el resto del Estado.
El autor es abogado y periodista