Es preciso que, para tener una clara idea acerca del asunto que tocaré en el siguiente artículo, cuente un poco acerca de mí. En primer lugar, tengo pérdida auditiva, detectada desde mi temprana niñez. Para poder escuchar, dependo de un aparato auditivo. Sin embargo, tengo muy buen lenguaje y soy un profesional graduado con 13 años de experiencia como psicólogo y docente universitario.
Pero mi formación profesional, los títulos y otros logros que haya podido conseguir no me hacen un ser especial ni me hacen una persona consagrada. Soy un ser humano y un ciudadano panameño, al fin y al cabo.
Ahora quiero contarles mi experiencia y la de los olvidados. Personas con discapacidad o limitaciones que han pasado por muchas situaciones de discriminación en Panamá durante todo el tiempo que duró el estado de emergencia y poner una denuncia escrita, dada mi falta de experiencia en aspectos legales. No quiero abarcar otros ámbitos de la discapacidad ni irme al tema del género. Solo quiero exponer mi situación.
Como les decía, tengo pérdida auditiva y dependo de un aparato auditivo. No necesito del lenguaje de señas, pues tengo buen lenguaje productivo, vocabulario y muy buena comprensión de lo que otros tengan que decir. No obstante, necesito de la lectura labiofacial para tener un mejor entendimiento de lo que el interlocutor dice. Y de allí provienen muchos de los calvarios que pasé. Muchas de estas situaciones pasaron inadvertidas y en ocasiones tuve que luchar con la falta de información y la apatía de quienes no conocen acerca de mi condición.
Como bien sabemos, el estado de alerta impuso el uso obligatorio de mascarillas.
Las mascarillas más seguras e incluso las menos seguras me impedían visualizar los labios del interlocutor. En muchas ocasiones, tuve que solicitar que se bajaran la mascarilla para poder entender lo que querían decirme o escribir en un papelito para que pudiera entender lo que me comunicaban. No era mucho pedir. Tampoco era necesario que yo me bajara la mascarilla solo para entender una breve oración con instrucciones o con indicaciones. En muchas instituciones, bancos, restaurantes y otras localidades comerciales donde he tenido que ir para cumplir mis responsabilidades, pagos o suplir necesidades básicas como cualquier otro, he tenido que vivir experiencias penosas como, personal que no se quiso bajar la mascarilla por indicaciones del Minsa o del gerente de la sucursal y personal bancario que no lo hacía. Algunos me pedían que repitiera las cosas que solicitaba. Otros creían que estaba mintiendo con el hecho de que no escucho bien, pero terminaban convenciéndose en cuanto veían el aparato auditivo en mi oreja izquierda.
No quiero limitarme en mis palabras, pero mencionaré algunos de los lugares en donde me ha sucedido estas situaciones y me siguen sucediendo, a pesar de que ya se levantó el estado de emergencia, pues en muchos de estos lugares siguen llevándose las mismas prácticas. Estos lugares son: restaurantes KFC, Banco General, farmacias Arrocha, Caja del Seguro Social, Hospital Pacífica Salud, Multiplaza (en muchas tiendas) y algunas universidades.
Todas comparten las mismas situaciones: imposición de normas de la autoridad de salud o de la gerencia, mascarillas que obstaculizan la lectura labiofacial, falta de información y de educación del personal que labora en dichas localidades.
Y todo se podía evitar con el uso de mascarillas transparentes.
Probablemente sea vano escribir esto, porque ya se levantó el estado de emergencia, pero es un antecedente y es vigente (dado a que sigue sucediendo no solo conmigo sino con otros en mi misma situaciones o situaciones parecidas).
Que estas palabras sean una denuncia social para que instituciones como Senadis y otras, para se realicen esfuerzos que combata la excesiva vulnerabilidad que vivimos quienes tenemos discapacidad o limitaciones.
Por último, agradezco a la licenciada Irina Velarde por su apoyo incondicional y ánimos para la escritura del presente artículo.
El autor es psicólogo y docente universitario.
