Hay muchos tipos de drogas. Cuando hablamos de estas en las conversaciones, nos referimos solamente a las ilícitas, sin nombrar a los medicamentos que son drogas legales y hacen tanto daño como las primeras. Nadie menciona ni recuerda que el alcohol es una de las más usadas, socialmente permitida y que causa mucho dolor en la sociedad occidental. Gran cantidad de personas ha muerto a causa de cualquiera de ellas. La violencia que se vive en los países se debe, en gran parte, a su uso y abuso. Casi todas las personas bajo la influencia de sustancias químicas se convierten en verdaderos monstruos que sacan su odio, dolor, causando graves heridas emocionales y físicas a sus parejas, hijos, familiares, compañeros, amigos, desconocidos, a la comunidad en general.
Es uno de los puntos en los cuales nos deberíamos enfocar para ayudar a minimizar la problemática que genera. Pocas mujeres admiten que sufren las consecuencias de un marido alcohólico. Lo aceptan como algo normal: “El hombre se tomó unas cervecitas, está entonado, alegre… nada más, lo hizo para relajarse”. Nadie se relaja con alcohol. Todo lo contrario, esa droga da una sensación de euforia, desinhibe y después de que pasan sus efectos… deprime.
En este sentido, no es alegría natural, está“relajado” de manera artificial. El alcohol es una de las peores drogas. Las peleas, violencia que se vive en los hogares, el maltrato a mujeres y niños se debe a los efectos de esta droga social. Nadie concibe una fiesta sin alcohol y no debería ser así, no necesitamos de él para ser felices, para divertirnos. La alegría genuina es un don que tenemos en nuestro corazón, tenemos la capacidad de sacarla, usarla y ser felices. Es una decisión, no requerimos de agentes externos, que cambien la química del cerebro para sentir la sensación de paz y plenitud. Debemos educar a los niños desde el preescolar para que cuiden su cuerpo como un templo sagrado y para que no se centren en el placer, aprendan el autocontrol del comportamiento, el crecimiento espiritual para que no caigan en las garras de las drogas. Muchos de ellos se acercan a temprana edad, por inocencia, curiosidad o porque algún amigo cercano se las ofrece.
En las películas norteamericanas es común ver escenas donde la gente usa la marihuana como una droga “recreativa”, no se ven las consecuencias, sino lo bien que la pasan quienes las usan. Esta forma de introducirla socialmente es directa y eficiente. Los jóvenes asumen que se puede usar y no es perjudicial. Igualmente, ocurre cuando se descubre que los famosos: deportistas, artistas, actores, actrices, gente rica las usa y se ven fabulosos, no les causa daño en el cuerpo. También, es otra forma de propaganda gratuita a favor de ellas. Entonces, vemos cómo la sociedad propicia su consumo y luego lo condena, castiga. Todos somos responsables de ayudar a los niños y jóvenes a apartarse de la tentación de usar sustancias químicas, con el objeto de obtener felicidad instantánea.
La autora es escritora