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ANáLISIS

¿Está la economía en crisis?

Está vedado, por ética, emitir opiniones sobre disciplinas ajenas a la nuestra, pero en el caso de las ciencias sociales (por no ser exactas), como la economía, vemos a diario todo tipo de opiniones en los medios.

La economía, principalmente en los países en vías de desarrollo, experimenta periódicamente ciclos naturales de auge y de ralentización (decrecimiento), incluso de crisis y recesión, exceptuando las de origen político. Por períodos tiende a estabilizarse, pero luego vuelve a sus andanzas de alzas y bajas, producto del característico funcionamiento del mercado, que vive al vaivén de la demanda, la oferta y los precios.

Ocurre que, si, por diversas circunstancias, las inversiones en un país comienzan a aumentar significativamente, trae como resultado incrementos de la producción, del empleo, del circulante (dinero) en la calle y, consecuentemente, del consumo (demanda). Las empresas aumentan sus ventas, lo que las induce a incrementar los precios y, con ello, las ganancias. Como es una reacción en cadena, los bancos sueltan mucho dinero, las inversiones continúan creciendo, así como todas las variables económicas.

En ese frenesí de la abundancia, el mercado se vuelve “loco”, pues los empresarios abren negocios a diestra y siniestra, muchos lanzándose al vacío sin paracaídas. Pero no todo es color de rosa durante ese “calentamiento” de la economía (el boom), porque siempre va acompañado de inflación, que afecta al bolsillo de todos, principalmente a los grupos de menos ingresos.

Las empresas (no todas) operan por un tiempo con excelentes resultados, hasta que se llega a un punto en que la oferta comienza a rebasar la demanda, lo que termina por saturar los mercados y como la inflación sigue campante, se va frenando la demanda; hasta que las cosas comienzan a salir mal para los negocios. La mayoría se mantiene operando por un período, con la esperanza de que se produzca un repunte, hasta que finalmente cierran operaciones; lo que evidentemente aumenta el desempleo. O sea, el mercado (manejado por la “mano invisible” de Adam Smith) se hace el haraquiri, pero, como suele ocurrirnos a los humanos, buscamos culpables, menos mea culpa.

Es precisamente lo que ha acontecido en Panamá en los últimos 12 años (desde 2006). En efecto, nuestra economía en pleno auge llegó a registrar tasas de crecimiento jamás vistas, hasta de dos dígitos (12.2% en 2007, 10.1% en 2008 y 11.1% en 2011) hasta 2013, cuando empezó el ciclo a la baja hasta hoy, que estamos viendo mercados totalmente saturados, como la actividad hotelera (que registró un aumento de 6 mil a 11 mil habitaciones), apartamentos y locales de oficinas (los rascacielos), urbanizaciones, restaurantes, unos 10 malls, una diversidad de centros comerciales más pequeños y la inmensidad de negocios que albergan. Como resultado, ha comenzado la quiebra de negocios y por buen tiempo no habrá mayores inversiones en estas actividades.

Por el lado del Gobierno, concluyó la ampliación del Canal (dejando unos 14 mil trabajadores cesantes) y habrá muy pocos megaproyectos, salvo la línea 3 del Metro y la proyectada autopista a las playas; porque llegó la hora de pagar la elevada deuda, que en las dos últimas administraciones aumentó en unos $17 mil millones, incluyendo los proyectos llave en mano (frente a un saldo de $11 mil millones en 2008). Como es usual, en esta situación el desempleo aumentará y veremos algunas “cosas” más.

Llegó el momento de las vacas flacas, pero, contrario a lo que pregonan algunos, no estamos en crisis y menos en recesión, porque con todo y lo expuesto, la economía sigue creciendo a tasas aceptables, alrededor del 5% (la más alta en América Latina). Pero no nos hagamos ilusiones, porque no será fácil una reactivación económica, dado que altas tasas de crecimiento se dan muy poco y son insostenibles (los boom no son eternos), y porque Panamá (“redescubierta” por el mundo en 2005), por los motivos expuestos y porque nos hemos convertido en el país más caro de la región, “está pasando de moda”. Además, es preferible crecer al 5% con una inflación del 1%, que crecer al 9% con una inflación del 6%.

Es muy usual escuchar voces de políticos, profesionales, empresarios, periodistas, dirigentes gremialistas, etc., señalando al actual gobierno como único culpable de esta situación; unos conscientemente, con claros objetivos políticos, los que son incapaces de echarse la culpa, y otros por ignorancia. Yo no tengo motivo alguno para defender a este gobierno, pero, aun manejando mejor la economía, no se hubiera logrado mucho. No hay para más.

El autor es economista


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