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CIUDADANíA

¿Una economía más ética?

La realidad es que el capitalismo funciona. Ha hecho maravillas para el desarrollo de la sociedad. Este modelo no significa nuestro desprendimiento de la suma-cero, pues siempre alguien pagará.

El capitalismo ofrece libertad, pero esa libertad es abusada por los que poseen el poder. Cuando creamos entes superiores al individuo, como los gobiernos y empresas, creamos la posibilidad de descuidar nuestros intereses individuales y lo hicimos. Presenciamos un juego de ajedrez entre gobiernos y empresas, donde el 99% de la población son peones. Y las personas se están percatando. El descontento y la desconfianza se hacen presentes, al igual que la necesidad de establecer formas de controlar cómo interactúan los gobiernos y magnates económicos.

Lastimosamente, como la crisis ambiental, requerirá de la unión del pueblo pues nuestros representantes no tienen ningún incentivo para regularlo. Al contrario, ellos se benefician de esta interacción empresa-gobierno. En la política, la única voz que existe es la que se puede contar en verdes.

Ya no es posible creer en nada. La existencia conjunta del poder y el dinero corrompe, y los gobernantes lo saben mejor que nadie. Me asquean. ¿Dónde dejaron su humanidad? ¿Cómo es posible que sacrifiquen tanto por aumentar las cifras de sus cuentas bancarias? ¡Oh!, pero si ellos no pierden, solo nosotros y nuestro futuro. Incluso, sería interesante conocer cuántos billones significa un país empobrecido en la cuenta de la persona correcta, ¿no? O tal vez un pueblo hundido por el aumento del nivel del mar, o la vida de los millones que mueren anualmente de enfermedades tratables.

Ya no importa si hay Dios o no. Hemos tomado cualquier promesa o lección divina y la hemos arrastrado por el suelo para crear nuestras propias reglas del juego. En resumen, estamos creando nuestro propio infierno colectivo. Pero será lento y anticlimático por lo que les deseo a ese 99% que disfruten mientras puedan.

El capitalismo funciona, pero hay que saber encaminarlo para crear un futuro deseable. De lo contrario, ya estamos empezando a saborear las consecuencias. Los gobernantes deben aprender a escuchar los deseos de la población, no al dinero, para así crear regulaciones que eviten la intervención de los intereses de los magnates económicos en las leyes. Leyes que solo los benefician a ellos. Y para esto, debemos exigir unidos y construir un futuro del que estemos orgullosos.

El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana 2019


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