En una sala no muy grande de una escuela, niños de seis años se divierten, juegan y, sobre todo, aprenden. Tras salir un día una de estas niñas al parque y preguntar cuál era un tipo de piedra, llevó al maestro la misma piedra al día siguiente, y comentó, por decisión propia, “mira, esta piedra es granito porque tiene granitos negros”. Este tipo de aprendizaje, basado en la iniciativa de los más pequeños, es el que pretenden desarrollar las escuelas alternativas. Un modelo educativo que tan solo en España supera ya los 800 proyectos.
Los espacios alternativos suponen una variable al modelo tradicional, que restringe a los alumnos según una estructura fija, despersonalizada y marcada por ley. Cuenta con opciones diversas, como las escuelas libre, escuelas bosque, colegios Montessori o escuelas Reggio Emilia, entre muchas otras. Cada proyecto mantiene componentes únicos, pero todos defienden el respeto al ritmo particular de cada niño. “Nosotros nos hemos basado en el respeto y en el aprendizaje activo. No enseñamos, son los propios niños y niñas los que aprenden a través de sus propias experiencias en el espacio y de la interacción con las demás personas”, aseguran los fundadores de Planeta Ped, un nuevo proyecto educativo basado en el aprendizaje activo. De esta manera se les transmite una confianza y autonomía para que sean ellos mismos los que propongan y realicen actividades que de verdad les interesen. Así aprenden según su ritmo particular. Los maestros les acompañan y ayudan cuando ellos lo piden.
Este fenómeno se afianzó en España, de la mano de Francisco Giner de los Ríos que, en 1876, fundó la Institución Libre de Enseñanza en busca de una alternativa a la educación oficial dominada por la Iglesia. El propio Giner de los Ríos aseguró que “Todos los niños son inteligentes, hasta que entre el maestro y los padres se encargan de embrutecerlos”.
La mayoría de estos centros suelen ser privados, sin ánimo de lucro y se centran en edades hasta los seis años, cuando empieza la escolarización obligatoria. Una de las etapas más importantes en las que los más pequeños pueden desarrollar las habilidades que les definirán en un futuro, como persona. Esta alternativa puede ser un pequeño paso para contribuir a la disminución de la tasa de abandono escolar. España es el país de la Unión Europea con la mayor tasa de abandono, un 20% en 2015, y duplica la media del 10% de la región, según las últimas cifras de la Encuesta de Población Activa.
