La percepción que tenemos en la República de Panamá es que persiste la ausencia de educación ambiental en las escuelas y colegios, que ha generado la transformación de extensas montañas o bosques en áreas desamparadas de árboles, para convertirse en potreros y huertas casi improductivas, que el trabajador abandona para buscar nuevas esperanzas de vida. Unido a estas tradiciones, las quemas y riego de matamalezas en detrimento de la naturaleza o del ambiente. La política del cemento, concreto y parques huérfanos de vegetación y áreas verdes y de una permanente y continua política de desmonte, pueden conducir a profundos trastornos del hábitat en que vivimos y producir hasta asfixias de la existencia del hombre.
Por otro ángulo de esta triste e impactante realidad, las autoridades, los ministerios y la misma población, continúan mirando pasivamente hacia otro lado del país, frente a un hecho que va a cercenar indiscutiblemente grandes empresas productoras de energía hidroeléctrica, la comida cotidiana y, muy particularmente, la mayor fuente de riqueza del país, que constituye el Canal de Panamá. Y sobre este último rubro, ya se habla del calentamiento de sus aguas y la elevación de la temperatura atmosférica, una realidad, además, en las islas del archipiélago de San Blas y en el casquete polar.
Se impone, desde luego, prohijar la educación ambiental como una estrategia nacional para conservar y desarrollar los recursos naturales y preservar el ambiente, tal como se concibió en el año 1992 en la Asamblea Legislativa de Panamá, en coordinación con la profesora Ada de Gordón, diputada en esa ocasión, Ley No. 10 de 24 de junio del año 1992. Esta ley no puede quedar huérfana luego de 26 años de aprobada y no se puede proyectar los efectos sin una toma de conciencia de las autoridades con profundo sentido de responsabilidad e inteligencia, sin desconocer el papel que juegan la sociedad civil, clubes, cooperativas, asociaciones, sindicatos, juntas comunales y toda organización que establecen en su reglamento interno o estatutos, acciones que las involucran. Es urgente abrir canales de participación para que el ciudadano o profesional pueda contar con la suficiente información en torno a las cuestiones ambientales. Definitivamente, es una susceptible materia, porque conceptuamos que se legisló para la salud, el equilibrio ecológico y para la vida de los seres del planeta. El marco de la ley le ofreció las herramientas al sistema educativo al hablar del desarrollo sustentable y al hacer obligatoria la enseñanza sobre el ambiente en todos los niveles de la educación desde la preprimaria hasta la educación superior. Por otra parte, los municipios tendrán que replantear sus acciones y estrategias ante esta sustancia, dirigidas a la conservación del ambiente y por una ciudad más verde y limpia.
El autor es docente y exlegislador.

