En las aulas de la Universidad puedes llegar a enamorarte de la cultura y del conocimiento. Podemos mejorar como seres humanos, perfeccionando a la vez a otros que buscan la plenitud del saber. Es entonces como he comprendido todo. En un mundo cada vez más moderno, más mecánico, donde la tecnología te deja acceder a la sabiduría a tan solo un clic de distancia y te preguntarás, ¿cómo podemos vivir en un país en donde la corrupción es la máxima ley a cumplir? En donde la educación no tiene mayor relevancia; donde los niños van descalzos a estudiar y los maestros mueren ahogados cruzando ríos para poder laborar. La educación da tantas posibilidades de construir un mañana con justicia, decencia y honradez para así evitar las calles inundadas de violencia, corrupción, asesinatos y falta a la moral. Aquellos flagelos ya expuestos que destruyen nuestra idiosincrasia y nos obligan a la constante esclavitud de la inopia, en donde el famoso “juega vivo” se contagia como una enfermedad incurable.
Si tan solo nos detuviésemos por un momento a pensar en nuestros niños.
Sí señores, la educación es el camino a la felicidad, porque te llena de esperanza, de nuevos sueños, de nuevas ilusiones y cura la enfermedad llamada ignorancia. En un mundo donde la riqueza reina por sobre todas las cosas y nos ciega al verdadero valor de la vida.
La gran pregunta surge en el momento en que nos cuestionamos ¿cómo se puede solucionar este problema que nos afecta a todos? El futuro ya llegó y está esperando por nosotros. La familia como primer ámbito educativo necesita reflexionar y tomar conciencia de su papel en la educación de sus hijos.
Esto repercute en la vida del niño, lo cual conlleva a problemas escolares que surgen a diario: desinterés, falta de motivación, dependencia, bajo rendimiento, fracaso escolar, violencia, etc. Son los padres y las madres quienes gozan de una relación de intimidad única que exclusivamente se da en el seno familiar y que permite todo tipo de interrelaciones personales que desarrollan el amor, que influye y modifica los comportamientos de todos sus miembros. Es crítico el cambio y ahora, la solución está en cada uno de nosotros. Lo invito a que reflexione y que nos autoevaluemos en búsqueda de un cambio que impacte nuestro entorno.
Nuestro enfoque debe ser la mejora continua, para poder así autoeducar a nuestros hijos, futuros hombres del mañana. La familia en conjunto con la educación y la voluntad son la fórmula perfecta que nos permite caminar por los preciosos senderos de la felicidad.
La autora es abogada y profesora
