Ahorrar energía, mejorar la conservación y reducir las emisiones de carbono son objetivos que muchos países de todo el mundo tienen. Panamá no escapa a esta realidad: ha planteado una hoja de ruta en torno a las energías renovables.
En las últimas décadas, los niveles de crecimiento de la población mundial han generado una férrea competencia por los recursos limitados que ofrece el planeta, incrementándose cada día más las necesidades energéticas. El crecimiento exponencial de la población acelera de manera correlacionada el consumo de la reserva mundial de recursos energéticos. Esta situación nos presenta grandes retos que deben ser abordados con el fin de poder seguir siendo productivos y más competitivos, sin afectar a las futuras generaciones.
Panamá avanza lentamente por un camino por el que debería transitar a la mayor velocidad posible: el de la eficiencia energética. No es solo un imperativo consecuencia de los problemas aparejados al cambio climático. La región también se juega su competitividad y, por tanto, su desarrollo en los próximos años, tal como lo indica un estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La pandemia y retos como la guerra en Ucrania, acrecentaron los precios de todos los tipos de energía, que ya habían subido drásticamente como resultado de un fuerte repunte económico post-covid. En Panamá, lo vivimos y sufrimos cada viernes que se anuncia un nuevo aumento del combustible. Entender el porqué, sus consecuencias y soluciones nos da destellos del rol que tiene la energía en nuestras vidas.
Es evidente que la manera de solventar y asegurar un buen desarrollo energético en los próximos años es incorporando estos temas a la formación de nuestros jóvenes. Incluir en el pénsum académico temas como la generación eléctrica, los combustibles y el potencial de las energías renovables, permitirán a los estudiantes convertirse en conocedores de la energía, compartiendo lo aprendido con miembros de sus familias.
Estudios han demostrado que un gran porcentaje de los padres han sabido de un tema debido a que sus hijos son la principal fuente de información que se nutre de lo aprendido en la escuela. No es solo indagar sobre problemas matemáticos, sino profundizar en temas políticos, económicos y, ¿por qué no? energéticos. De allí que debemos inculcar conocimientos e incrementar la conexión escuela-hogar para una mayor alfabetización energética de las familias a fin de lograr cambios en las comunidades. Es obvio que tiene sentido educar a los estudiantes sobre los vehículos eléctricos. Se trata de un relevante paso para alcanzar la aceleración de la adopción de vehículos eléctricos en un futuro.
Son muchos los adolescentes que juegan un papel importante en los procesos de transformación de la sociedad. Y es inaceptable negarles a estudiantes entusiasmados y apasionados, la oportunidad de comprender el crucial papel que desempeñará la energía en el futuro. Se requieren programas que brinden información a los estudiantes, quienes pueden ser instrumentales en la consecución de los objetivos en los hogares y en la concientización sobre el cambio climático.
A pesar de las barreras que enfrentamos como jóvenes, se ha demostrado el potencial que tenemos de brindar soluciones creativas de energía sostenible. Los jóvenes creemos y nos esforzamos por un futuro más sostenible. Los jóvenes no somos los protagonistas del mañana, sino del presente. Tampoco queremos ser solo observadores ante una catástrofe climática, sino que queremos y podemos ser claves para lograr el cambio. Debemos trabajar juntos como sociedad y movilizar los recursos necesarios para acelerar la electrificación a todos y hacer que la energía sea más limpia, segura y justa en todo el mundo. Asegurar una educación equitativa y de calidad nos alejará del vacío oscuro de la ignorancia.
La transición energética nos está llevando a un nuevo modelo más sostenible. La educación energética nos brinda una oportunidad de un mundo más sostenible, cuyos principales beneficiados serán los jóvenes. ¡Hagámoslos parte de este cambio, educándolos en energía desde sus primeros grados!
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
