En los últimos años, respetadas figuras panameñas han resaltado la necesidad de atender con urgencia una reforma educativa. Pero, si los esfuerzos previos han fallado ¿por qué y cómo ha de ser exitoso un nuevo esfuerzo? La historia de los sistemas de educación pública está repleta de reformas. Esto indica que el problema no radica tanto en lo que se intenta cambiar (el currículo, o los maestros, o la estructura), sino en cómo liderar el cambio.
Aun asumiendo que lo nuevo sea aceptado siempre que sea bueno, ese cambio no sucede rápida y fácilmente. Así, están bien documentados los 50 años transcurridos para que la entonces innovación alemana de los “kindergartens” se expandiera por todo Estados Unidos. Y en todo el mundo han resultado fallidos los intentos de forzar cambios educativos a base de poder coercitivo y sanciones.
Con todo, las instituciones educativas que son capaces de implementar cambios adaptan innovaciones a las condiciones locales; practican, planean y evalúan regularmente; y se capacitan continuamente sin depender solo de expertos externos. Es decir, un nuevo sistema saludable y efectivo, ha de adaptarse ágilmente al entorno, notar sus propios problemas y resolverlos independientemente. Buscamos un sistema que aprenda, además de enseñar. Las teorías de desarrollo organizacional aplicado a la educación nos recuerdan que los sistemas educativos están integrados por grupos de personas capaces de cambiar culturalmente, siempre y cuando la transformación se ejecute de manera participativa, de adentro hacia afuera, y de abajo a arriba.
Finalmente, ¿a qué cambio nos referimos? El sistema educativo existe para servir a la sociedad, pero necesita que esa sociedad apoye sus objetivos, entendiendo la educación como derecho humano. Una de las propuestas contemporáneas más cónsonas con esta premisa, y con las necesidades actuales ante la inequidad, consiste en escuelas integrales que proveen servicios, por ejemplo de salud y nutrición, e incluyen siempre psicólogos y trabajadores sociales además de maestros y directores.
El nuevo sistema debe responder a las necesidades de desarrollo de nuestros niños como seres humanos íntegros. Sus integrantes deben ser capaces de pensar creativa y críticamente, y de enseñar a los educandos a hacerlo, para aprender a entender y resolver los problemas a los que la humanidad se seguirá enfrentando.
La autora es directora del Centro de Investigación Educativa de Panamá e integrante de Ciencia en Panamá
