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Educar con inteligencia artificial sin perder el pensamiento crítico

La inteligencia artificial (IA) ya está en las aulas. Es accesible para gran parte de los estudiantes, aunque no se reconozca oficialmente. Estudiantes de diversos niveles la utilizan para resumir textos, resolver ejercicios, redactar trabajos o aclarar dudas. Ante esta realidad, la educación enfrenta una decisión clave: prohibir la inteligencia artificial o enseñar a usarla con criterio.

La segunda opción representa un reto para docentes y la academia. Expertos en tecnología educativa destacan que la IA es fundamental para la educación del siglo XXI. Permite la personalización del aprendizaje, optimiza procesos y reduce el retrabajo. Favorece entornos educativos basados en la creatividad y la innovación, con una gestión del tiempo orientada a la adquisición y producción de conocimiento.

El problema no es la tecnología, sino su uso inadecuado por desconocimiento y por el deseo de resolver tareas con inmediatez. Cuando la inteligencia artificial sustituye el esfuerzo cognitivo, el proceso de aprendizaje se debilita. Cuando se utiliza como apoyo y de forma adecuada, puede convertirse en una poderosa herramienta educativa. El riesgo aparece cuando el estudiante deja de pensar, cuestionar y comprender, delegando todo el proceso a una máquina.

El pensamiento crítico no consiste solo en opinar. Implica analizar información, contrastar fuentes, investigar, formular preguntas y tomar decisiones basadas en argumentos sólidos. Si estas habilidades no se enseñan en el aula, la inteligencia artificial puede promover una educación superficial, basada en respuestas rápidas y aprendizajes frágiles.

La educación es un campo en constante evolución y debe adoptar nuevas metodologías apoyadas por la tecnología para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje. La IA permite crear herramientas autónomas que apoyan el aprendizaje de los estudiantes y facilitan el trabajo de los docentes. Herramientas como ChatGPT han surgido como mecanismos poderosos con potencial de transformación digital en el campo educativo.

Los prompts son frases o preguntas que dan dirección a modelos de lenguaje como ChatGPT para que produzcan una respuesta. Saber redactar un prompt correctamente es esencial para obtener resultados pertinentes. Para lograrlo, se requiere enfoque y pensamiento crítico. No se trata solo de preguntar y esperar una respuesta que se copie y pegue sin ningún proceso analítico de por medio.

El rol del docente se vuelve aún más relevante. No es solo un transmisor de contenidos, sino un guía del pensamiento. Es mediador entre la información y el conocimiento. Educar con inteligencia artificial implica enseñar a preguntar mejor, a detectar errores y a cuestionar. Significa evaluar la calidad de las respuestas y reflexionar sobre sus implicaciones éticas. El docente debe preparar a los estudiantes para usar la tecnología de manera responsable y consciente.

La integración de la IA en el aula requiere un cambio en las metodologías de enseñanza. Los educadores deben diseñar actividades que promuevan el análisis y la reflexión, no solo la búsqueda de respuestas inmediatas. Son indispensables los espacios donde los estudiantes experimentan, se equivocan y aprenden del error. La tecnología debe servir como complemento, no como sustituto del razonamiento humano.

Prohibir la inteligencia artificial no prepara a los estudiantes para el mundo real. En cambio, integrarla de forma crítica permite desarrollar competencias clave: autonomía, responsabilidad, metacognición y pensamiento reflexivo. La academia debe enseñar cuándo usarla, cómo usarla y, sobre todo, cuándo evitarla. Los estudiantes deben comprender que la IA es una herramienta, no un atajo para evadir el esfuerzo intelectual.

El desafío está en encontrar el equilibrio. La tecnología avanza a un ritmo acelerado y la educación no puede quedarse atrás. Tampoco puede sacrificar el desarrollo del pensamiento crítico en nombre de la innovación. Se requiere formar estudiantes que sean usuarios inteligentes de la tecnología, capaces de aprovechar sus beneficios sin perder su capacidad de análisis y criterio propio.

Educar con inteligencia artificial sin perder el pensamiento crítico es uno de los mayores desafíos actuales. No se trata de elegir entre tecnología o educación tradicional, sino de formar estudiantes capaces de pensar por sí mismos en un mundo donde las respuestas están a un clic de distancia. El verdadero aprendizaje no está en lo que una máquina responde, sino en lo que el estudiante es capaz de comprender, cuestionar y transformar.

La autora forma parte de Jóvenes Unidos por la Educación.


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