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El 2026, año en que Panamá debe redefinir su papel en la economía hemisférica

El 2026, año en que Panamá debe redefinir su papel en la economía hemisférica
Buque RORO se encamina para ingresar del lado Pácifico del Canal de Panamá. 04 de febrero de 2026. LP/ Alexander Arosemena

En medio de tensiones geopolíticas y la reconfiguración de las cadenas de suministro, Panamá tiene una oportunidad: que el Canal de Panamá deje de ser solo una ruta de tránsito y se consolide en 2026 como una plataforma industrial y logística de alto valor para el hemisferio occidental.

Actualmente, por la vía interoceánica transita aproximadamente el 6% del comercio marítimo mundial. Más aún: cerca del 38% de todos los bienes que entran o salen de Centroamérica cruzan por Panamá. En el caso de Estados Unidos, alrededor del 40% del comercio contenerizado con destino a la Costa Este depende directa o indirectamente del Canal. Estas cifras no solo reflejan volumen; evidencian centralidad estratégica.

En paralelo, el comercio regional confirma el peso de la ruta panameña: aproximadamente el 26% del comercio exterior de Ecuador, el 22% del de Chile y el 21% del de Perú utiliza esta conexión interoceánica. Panamá no es simplemente un punto en el mapa; es un eje estructural del intercambio continental.

El nuevo debate ya no gira únicamente en torno a cuántos buques cruzan las esclusas, sino a cuánto valor se puede capturar en tierra firme. De los 1,200 buques que pasan por el Canal con casi 12 millones de contenedores cada año, alrededor del 85% (10 millones) se bajan en los puertos para hacer trasbordo a otros buques o medios de transporte; pero, de esos, ¿cuántos se abren para bajar y transformar mercancías? La cifra es minúscula.

Llámese como se llame —nearshoring, friendshoring, offshoring, reshoring, etc.—, la ventana concreta para Panamá es convertirse en centro de ensamblaje, integración tecnológica y redistribución hemisférica. Las riberas del Canal tienen el espacio para desarrollar terminales multiuso, valles logísticos que incluyan muelles multipropósito, bodegas de repuestos de autos, refrigeradas para perecederos, procesamiento y distribución de alimentos, biocombustible, parques empresariales, etc.

El país cuenta con instrumentos que respaldan esa transición: la Ley para Manufactura Especializada, el régimen de Zonas Francas, la Ley de Estabilidad Jurídica de las Inversiones y un sistema dolarizado que elimina riesgos cambiarios. A ello se suma una conectividad marítima y aérea que pocos competidores pueden replicar en el corto plazo.

Desde Panamá, los tiempos de tránsito hacia puertos estratégicos como el puerto de Houston, el puerto de Savannah o el puerto de Nueva York y Nueva Jersey se reducen significativamente frente a rutas transpacíficas tradicionales.

La oportunidad no es abstracta; es territorial. En el Atlántico, la Zona Libre de Colón y Manzanillo International Terminal ofrecen infraestructura para ensamblaje ligero, reacondicionamiento industrial, redistribución farmacéutica y centros regionales de inventario.

En el Pacífico, los puertos de Balboa y el área económica especial de Panamá Pacífico pueden atraer inversión en sectores de mayor sofisticación, como dispositivos médicos, microelectrónica, integración de sistemas y pruebas de certificación para el mercado norteamericano.

La cercanía con el Aeropuerto Internacional de Tocumen y su centro de carga refuerza la posibilidad de combinar logística marítima y aérea, una ventaja decisiva para productos de alto valor y entregas urgentes. Los futuros puertos de Corozal e isla Margarita potenciarán este sistema.

Para Estados Unidos, relocalizar parcialmente procesos productivos hacia Panamá no es solo una decisión empresarial; es una estrategia de seguridad económica. Esto fortalece sus cadenas de suministro críticas sin recurrir a una repatriación total y mantiene la producción en un entorno aliado, estable y dolarizado.

El año 2026 puede marcar esa inflexión. El país ya posee la conectividad, el marco jurídico y la posición geográfica. Lo que falta es consolidar una política industrial coherente que articule ambas costas, integre parques logísticos y promueva clústeres estratégicos vinculados a la carga que ya transita por el Canal.

El mundo demanda un socio logístico confiable en el hemisferio y Panamá debe pasar de ser un corredor que solo cobra peajes a ser una plataforma industrial que defina su rol en el comercio internacional.

El autor es expresidente del Consejo Empresarial Estados Unidos – Panama y administrador general de la Autoridad para la Atracción de Inversiones y la Promoción de Exportaciones de Panamá (Propanamá).


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