En medio de tensiones geopolíticas y la reconfiguración de las cadenas de suministro, Panamá tiene una oportunidad: que el Canal de Panamá deje de ser solo una ruta de tránsito y se consolide en 2026 como una plataforma industrial y logística de alto valor para el hemisferio occidental.
Actualmente, por la vía interoceánica transita aproximadamente el 6% del comercio marítimo mundial. Más aún: cerca del 38% de todos los bienes que entran o salen de Centroamérica cruzan por Panamá. En el caso de Estados Unidos, alrededor del 40% del comercio contenerizado con destino a la Costa Este depende directa o indirectamente del Canal. Estas cifras no solo reflejan volumen; evidencian centralidad estratégica.
En paralelo, el comercio regional confirma el peso de la ruta panameña: aproximadamente el 26% del comercio exterior de Ecuador, el 22% del de Chile y el 21% del de Perú utiliza esta conexión interoceánica. Panamá no es simplemente un punto en el mapa; es un eje estructural del intercambio continental.
El nuevo debate ya no gira únicamente en torno a cuántos buques cruzan las esclusas, sino a cuánto valor se puede capturar en tierra firme. De los 1,200 buques que pasan por el Canal con casi 12 millones de contenedores cada año, alrededor del 85% (10 millones) se bajan en los puertos para hacer trasbordo a otros buques o medios de transporte; pero, de esos, ¿cuántos se abren para bajar y transformar mercancías? La cifra es minúscula.
Llámese como se llame —nearshoring, friendshoring, offshoring, reshoring, etc.—, la ventana concreta para Panamá es convertirse en centro de ensamblaje, integración tecnológica y redistribución hemisférica. Las riberas del Canal tienen el espacio para desarrollar terminales multiuso, valles logísticos que incluyan muelles multipropósito, bodegas de repuestos de autos, refrigeradas para perecederos, procesamiento y distribución de alimentos, biocombustible, parques empresariales, etc.
El país cuenta con instrumentos que respaldan esa transición: la Ley para Manufactura Especializada, el régimen de Zonas Francas, la Ley de Estabilidad Jurídica de las Inversiones y un sistema dolarizado que elimina riesgos cambiarios. A ello se suma una conectividad marítima y aérea que pocos competidores pueden replicar en el corto plazo.
Desde Panamá, los tiempos de tránsito hacia puertos estratégicos como el puerto de Houston, el puerto de Savannah o el puerto de Nueva York y Nueva Jersey se reducen significativamente frente a rutas transpacíficas tradicionales.
La oportunidad no es abstracta; es territorial. En el Atlántico, la Zona Libre de Colón y Manzanillo International Terminal ofrecen infraestructura para ensamblaje ligero, reacondicionamiento industrial, redistribución farmacéutica y centros regionales de inventario.
En el Pacífico, los puertos de Balboa y el área económica especial de Panamá Pacífico pueden atraer inversión en sectores de mayor sofisticación, como dispositivos médicos, microelectrónica, integración de sistemas y pruebas de certificación para el mercado norteamericano.
La cercanía con el Aeropuerto Internacional de Tocumen y su centro de carga refuerza la posibilidad de combinar logística marítima y aérea, una ventaja decisiva para productos de alto valor y entregas urgentes. Los futuros puertos de Corozal e isla Margarita potenciarán este sistema.
Para Estados Unidos, relocalizar parcialmente procesos productivos hacia Panamá no es solo una decisión empresarial; es una estrategia de seguridad económica. Esto fortalece sus cadenas de suministro críticas sin recurrir a una repatriación total y mantiene la producción en un entorno aliado, estable y dolarizado.
El año 2026 puede marcar esa inflexión. El país ya posee la conectividad, el marco jurídico y la posición geográfica. Lo que falta es consolidar una política industrial coherente que articule ambas costas, integre parques logísticos y promueva clústeres estratégicos vinculados a la carga que ya transita por el Canal.
El mundo demanda un socio logístico confiable en el hemisferio y Panamá debe pasar de ser un corredor que solo cobra peajes a ser una plataforma industrial que defina su rol en el comercio internacional.
El autor es expresidente del Consejo Empresarial Estados Unidos – Panama y administrador general de la Autoridad para la Atracción de Inversiones y la Promoción de Exportaciones de Panamá (Propanamá).

